La docencia en contexto de crisis

Los docentes ya no son “portadores de verdad” como estaba incorporado en el imaginario social sino sujetos transformadores.

En el actual contexto de crisis económica, social y educativa, con escuelas que tal vez no abran sus puertas luego del receso de invierno, con reclamos salariales insatisfechos, con problemas de infraestructura y de contenidos educativos, resulta importante desmarcarse por un instante de la coyuntura e intentar definir el sentido del trabajo docente. Es necesario pensar y situar a los docentes como sujetos responsables y enmarcados en una sociedad compleja, atravesada por distintos lineamientos históricos, políticos, económicos, sociales y culturales que indefectiblemente los atraviesan.

Cumplir con este rol o función social, requiere nuestra reflexión constante en las prácticas cotidianas que desarrollamos en el espacio educativo quienes ejercemos la docencia. Un espacio que no debemos obviar que fue construido histórica y socialmente.

Poder ejercer la docencia visualizando a los otros como sujetos de derechos, con sus propias historias, culturas y costumbres, es de gran importancia para nuestro avance y crecimiento. Desarrollar la docencia desde este lugar, propicia espacios tendientes a hacer una educación más democrática y con sujetos autónomos que participen activamente en la misma.

Si bien la escuela con estas características de control social en los cuerpos, en la distribución del espacio y hasta del rol designado al docente, surge en la modernidad, es todo un desafío en la actualidad desenvolvernos de la misma forma teniendo en cuenta los cambios históricos, sociales y culturales de los últimos años. La escuela cae por momentos en una suerte de crisis institucional porque no toma en cuenta el contexto por el que ella misma se encuentra inmersa.

Los docentes ya no somos aquellos “portadores de verdad” como se inculcaba desde el poder y estaba incorporado en el imaginario social, para reproducir un sistema que beneficiaba sólo a un sector dominante.

Somos y debemos ser  sujetos transformadores de las desigualdades sociales en el ámbito que nos compete. Y esto a veces es difícil de llevar adelante porque muchos de nosotros fuimos formados bajo este imperativo. Transitamos nuestro recorrido escolar de esta forma. Y los moldes son difíciles de romper.

Paulo Freire consideraba que debemos tener presente el encuentro cotidiano en el aula, en la escuela, si queremos hacer la diferencia como sujetos corresponsables de dicha transformación. Tener presente que el saber circula y se construye cotidianamente con los educandos, junto a ellos. Esta relación dialógica que propone Freire, implica tener presente el desafío cotidiano de actualizar nuestras prácticas en esa relación y encuentros con los jóvenes, con sus intereses, sus propuestas, sus saberes y su palabra.

El desafío que se nos presenta es poder pasar de ser un docente árbitro a ser educadores armadores, educadores problematizadores, que construyen saberes conjuntamente con los intereses de los jóvenes que asisten a nuestras aulas. Este es el verdadero cambio, un gran paso para lograr objetivos que tengan que ver con la igualdad social y con la educación de calidad a la que apuntamos como derecho.

 

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