La desocupación alienta la venta ambulante

Cada vez son más las personas que se las rebuscan para poder llevar alimentos a sus casas. Advierten que son perseguidos.

Ante el panorama de recesión económica y el aumento de la desocupación, son muchas las familias que recurren a la venta ambulante para poder llevar alimento a sus hogares. Pese a la persecución y la caída de las ventas, se las ingenian para recorrer las zonas céntricas de la Región para ofrecer sus productos.

Maxi vende facturas con su canasto en uno de los andenes de la estación de Temperley. Se quedó sin trabajo hace poco manos de un año y no le quedó otra que recurrir a la venta ambulante. “Yo trabajaba en una empresa de construcción hasta que me quedé sin trabajo y vine acá para poder mantener a mi familia”, contó a Info Región.

En Camino Negro y Colombres, Lucas sobrevive todos los días con la venta de garrapiñadas. Igual que cientos de trabajadores, se quedó sin trabajo cuando la fábrica Extreme Gear de Esteban Echeverría redujo drásticamente la cantidad de sus empleados. “Estoy acá desde septiembre, cuando nos echaron de la fábrica de zapatillas Extreme Gear. Busco trabajo pero no hay. Estoy acá porque no me queda otra”, planteó.

Estoy acá desde septiembre, cuando nos echaron de la fábrica de zapatillas Extreme Gear. Busco trabajo pero no hay

Los chicos también salen

Vendedores ambulantes de la estación de Temperley señalaron que en los últimos meses hubo un aumento de chiquitos vendiendo. “Hace mucho que no se veían tantos chicos vendiendo en la calle”, contó María Álvarez, quien advirtió que “esto tiene que ver con la crisis que hay”. “Hay mucha gente que se queda sin trabajo y los que trabajan, la plata no les alcanza”, lamentó.

Las ventas cayeron también para ellos. “Ya no se vende lo mismo que el año pasado, por ejemplo. La gente no compra nada porque no tiene plata y nos mantenemos con 300 pesos por día”, precisó Alberto Benítez, que tiene una hija con discapacidad de 18 años.

Persecución

En Temperley, era común ver una gran cantidad de vendedores ambulantes en el puente de la estación. Esta situación cambió hace un año, cuando fueron expulsados. “Hace un año nos echaron a todos de ahí porque nos dijeron que no podíamos vender más”, recordó en diálogo con Info Región, María Álvarez, una mujer que vende golosinas en uno de los andenes.

“Yo estoy hace nueve años (vendiendo) y tengo mi marido que tuvo un ACV, que no puede trabajar. Nos mantenemos con esto y con su pensión, que es de 5 mil pesos, pero no nos alcanza”, contó la mujer. Su historia es la de muchos vendedores que van y vienen por los trenes y estaciones.

Nos sacan todos los días pero volvemos

A la edad avanzada, se suman los problemas de salud y una vida de sacrificios. Alberto Benítez tiene 64 años y un marcapasos. Se dedica a la venta de sándwiches en una de las estradas del andén con dirección a Plaza Constitución. “A mí también me echaron del puente y ahí me instalé acá. ¿Qué voy hacer? Soy grande. ¿Quién me va a dar trabajo?”, pregunta el hombre, mientras se apoya en su bicicleta, que tiene el canasto al lado.

En Lomas de Zamora, ya no están los manteros que solían vender en la peatonal Laprida, pero en la puerta de la estación de trenes, todavía se mantienen varios puestos de venta. Uno de ellos es de Alberto, quien ofrece artículos para celulares. “Acá nos sacan todos los días pero volvemos, porque no tenemos otra cosa qué hacer”, admitió.

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