Educación, comunicación y tecnología: los desafíos de hoy

La escuela, como institución de la Modernidad, ya no da respuesta a las nuevas preguntas.

El invierno, y sobre todo el receso de mitad de año, suele empujar a los chicos, y no tan chicos, a pasar horas frente a las pantallas. Lo llaman “Desconectarse”, pero ¿de qué? La respuesta más escuchada es “de la tarea, de la escuela”, pero esas conductas debería ser un llamado de atención para padres y docentes respecto de la relación de los chicos con la tecnología y la comunicación.

Y ahí es donde debemos detenernos para pensar estos nuevos contextos, ya que el cambio sociocultural que se produjo y aún se produce, repercute en la escuela, que, como institución tradicional moderna.

Es un desafío para el educador tratar de abordar de manera reflexiva el contexto actual de la educación y, más precisamente, de la Escuela, teniendo presente que el cambio cultural a finales del siglo XX afectó de manera directa el comportamiento del proceso educativo y generó una profunda crisis en la escuela moderna, que se continúa a partir de la irrupción de las nuevas tecnologías aplicadas a los medios de comunicación, contexto habitual de las nuevas generaciones.

Estamos en presencia de un cambio cultural. La cultura es una forma de vida, una forma de ver y estar el mundo que habitamos. Y esta cultura es trasmitida por la familia, la educación y la sociedad en la cual vivimos y nos desarrollamos.

Pero, además, los medios de comunicación cumplen un rol fundamental en la transmisión cultural. Son creadores de pensamientos, de sentidos, de símbolos y conciencias, de miradas de la realidad, de saberes, etc. Es decir que esta transmisión de cultura como valores, símbolos, creencias, saberes, acciones y demás, se produce mediante el fenómeno comunicacional.

Comunicación y cultura

La comunicación es el proceso mediante el cual nos expresamos, nos relacionamos con otros en nuestro entorno, por eso el Otro es el centro de la comunicación. Uno se expresa y a su vez, interactúa con ese Otro.  Eso que se transmite, se produce en un universo que interactúa y le da sentido. Jesús Martín Barbero afirmaba que “la comunicación es una red de interacciones y relaciones simbólicas entre las personas que afecta a todos los comportamientos que se dan en la vida institucional y Cotidiana”. Estamos inmersos en un “Ecosistema Comunicacional” que es todo aquello que hace a la atmósfera comunicativa del siglo XXI. Y no es sólo la tecnología, es el producto de toda la interacción de elementos. Vivimos en este entorno y todo se teje en la práctica cotidiana.

Entonces, la cultura se transmite primeramente desde la familia y luego en la escuela mediante el proceso educativo. Por eso, educación y cultura se retroalimentan. La educación transmite cultura y ésta cambia y se solidifica, se transforma, se perpetúa y así sucesivamente. La educación permite al ser humano ingresar a este mundo simbólico de la cultura, de la sociedad en la que vivimos.

Pero ¿qué es lo que se transmite si tenemos en cuenta que la cultura es dinámica y cambiante, así como lo es la sociedad y el mundo global?

La escuela es un dispositivo fundamental para la transmisión de cultura, pero no es la única. Los medios de comunicación han irrumpido de manera global en este escenario y no pueden dejar de ser tomados en cuenta. La cultura y la sociedad de hoy distan mucho de la cultura del siglo XX y siglos anteriores, contexto de surgimiento del Estado Moderno con sus instituciones y entre ella la escuela, enmarcada en lo que podemos llamar Modernidad.

La educación en la Modernidad

La Modernidad, concepto que surge a partir del siglo XVI, con la idea de la razón y el hombre universal como centro, continuó luego hacia el siglo XIX con la Revolución Industrial y el capitalismo hasta mediados del siglo XX,  dio sentido a una sociedad, un proyecto de ciudadano que, mediante instituciones, debía cumplir las expectativas de la sociedad.

Este hombre era un hombre universal. Debía obtener las herramientas culturales propias de un contexto en el que era propicio homogeneizar en relación a sus conocimientos, saberes y herramientas sociales válidas para luego insertarse en el campo laboral de producción capitalista como trabajador.

El Estado, figura central de la Modernidad, crea todo tipo de dispositivos para perpetuar este sistema y controlar estos cuerpos. Así, crea instituciones represivas de seguridad, cárceles, tribunales para lograr tal fin mediante el poder coercitivo.  El tema es que para lograr un comportamiento esperado, se crean los aparatos ideológicos de poder, en lo que la escuela, cumple un rol fundamental.

La escuela es el aparato ideológico por excelencia para cumplir este propósito dada la masividad y universalidad. Así se moldea desde esta institución al futuro ciudadano que recibirá mediante la educación y la comunicación las herramientas que el sistema y la sociedad requieren para el contexto de reproducción social.

Pero esto no permaneció así. El avance de la sociedad, las transformaciones sociales que se produjeron, sumado a los distintos sucesos de mediados del siglo XX como las guerras, crisis económicas y sociales, el genocidio de poblaciones, repercute en el contexto global. La idea sostenida socialmente de que este sistema creaba seguridad, ya no podía sostenerse.  Además, irrumpen en este escenario, medios masivos de comunicación los cuales transmiten una idea del mundo que puede ser distinta a la que proporcionaba la escuela. Y no sólo los medios masivos de comunicación, sino que hacen irrupción en este contexto, las nuevas tecnologías que van a darle otra perspectiva al contexto descripto.

La crisis de la Modernidad

Comienza la crisis del paradigma Moderno, en donde los valores, la idea del mundo, las instituciones pierden sentido y sustento. Ya no hay seguridad en el futuro, otros saberes circulan, la dinámica del mercado con las políticas neoliberales entran en juego, terminarán por desbaratar todo un relato histórico, social, cultural, político y económico que ya no encuentra lugar ni respuesta.

Es un cambio de paradigma, un cambio cultural y social al que se dio por llamarse Posmodernidad, que va a tener otra mirada del mundo, otro sentir de la vida. Un, como refiere el filósofo alemán Walter Benjamín, “Nuevo Sensorium, donde se acceden a nuevas sensibilidades”. El hombre, en tanto universal, pasa a ser persona, en singular, individual. Cambian las formas de sentir, mirar y vivir la vida, y las tecnologías acompañan este proceso.

El consumo comenzará a regular la vida de la sociedad, que individualizada, comenzará a ver a cada persona como “consumidor”. Ya no existe la idea de futuro como en la Modernidad, aquí se privilegia el presente, el ahora.

El tiempo se atomiza, ya no es sucesivo y lineal, si no disperso, sin ninguna duración. La cultura es efímera, lo que se quiere y se necesita es ahora y así el placer y el deseo pasan a ser las reglas mediante las cuales se obtendrán distintos fines. El Estado y las Instituciones pierden poder al dejar paso al mercado como nuevo ordenador social en el que ahora pone importancia en establecer competencias entre los individuos.

La búsqueda constante del placer y el bienestar superficial, es la base de esta nueva cultura consumidora, que necesita satisfacer esas necesidades constantemente y alejarse de cualquier situación que les genere malestar, apelando nuevamente a las reglas del consumo para lograrlo. Debemos recordar además, que las nuevas tecnologías se irán desarrollando y transformando cada vez más con el propósito de satisfacer estas demandas sociales por parte de los individuos.

Este escenario descripto, es el escenario donde surgen las nuevas generaciones que hoy se encuentran en nuestras aulas, en las Escuelas. Es una generación ”pulgarcita”, tal como la describe el filósofo francés Michel Serres en su libro,  porque todo el tiempo se encuentran frente a las pantallas de sus dispositivos accionando sus pulgares, hiperconectados constantemente y debe ser foco de atención, ya que estas generaciones tienen saberes previos múltiples porque acceden en cualquier momento a distintos medios de comunicación, tecnologías,  informaciones, sitios webs, donde se construyen pensamientos y realidades. El saber del docente es cuestionado porque ya no es la cultura del libro, si no que la cultura pasa a ser multimediada por las nuevas tecnologías que disponen los educandos.

Un nuevo paradigma

Y ahí es donde debemos detenernos para pensar estos nuevos contextos, ya que el cambio sociocultural que se produjo y aún se produce, es lo que repercute en la escuela. La escuela como institución tradicional moderna, ya no tiene sustento en este contexto, porque es hija del industrialismo, reglada por normas que ya no pueden ser sustentadas, está en crisis y eso se muestra en la deserción escolar, falta de interés, fracaso escolar, desánimo porque ya no puede dar respuesta a los individuos que se encuentran en ella. Y no puede dar respuestas porque ha quedado, en muchos aspectos, detenida en la Modernidad.

Es entonces que debemos repensar nuestras prácticas cotidianas si queremos cambiar la escuela. El rol docente es fundamental para la transformación. La Escuela como institución masiva, de alcance universal, sigue siendo el dispositivo más adecuado para la transmisión cultural y educativa por tener la capacidad de dotar de herramientas para el mundo adulto y ese debe ser su objetivo.

Pensemos entonces en una Nueva Escuela, porque son nuevos tiempos y nuevas generaciones. Este cambio puede producirse desde el rol del docente como trabajador de la educación porque tiene la capacidad y el lugar socialmente construido para hacerlo. Debemos acompañar de forma activa los procesos de cambio, generando propuestas y espacios de interés para estas nuevas generaciones “Multitaskings”

No basta con tener dispositivos a mano. La alfabetización, en estos contextos, debe ser  también Alfabetización en Medios y esto es enseñar a pensar de forma crítica, creativa, incluyendo a los medios y nuevas tecnologías, no demonizarlos. Desde el cuestionamiento y la pregunta constante. Que los educandos las utilicen de forma reflexiva, cuestionando las informaciones que encuentren.

Es una generación que tiene otra capacidad cognoscitiva, potenciemos eso, transmitamos motivación, confianza.  Acompañemos este proceso de manera dialógica con ellos. El diálogo desde la comunicación que interactúa y se expresa con el Otro. Reconozcamos a ese Otro y transmitamos la empatía.

La relación con los medios es la que debe ser repensada si queremos generar espacios de pensamiento y reflexión. De colaboración y afecto. De pertenencia, de respeto a sí mismo y por el otro, de confianza en ellos mismos y los múltiples aprendizajes.

La educación y la cultura deben ser vista desde la complejidad del contexto en la cual estamos inmersos que es dinámico y cambiante. Y desde esta perspectiva, debemos trabajar conjuntamente para transformar los espacios educativos desde una mira multidimensional. Es una tarea desafiante, pero a la vez activa que requiere de compromiso si queremos transmitir a las nuevas generaciones el respeto, generar espacios de diálogo, pensamiento, conocimientos, saberes y  reflexión que se relacionen con la democracia y el consenso, la participación activa y el respeto hacia las nuevas generaciones y los nuevos cambios por venir y sobre todo, que sean de interés y de utilidad multipropósito para estas nuevas generaciones con nuevas demandas en nuevos contextos educativos.

Previo Fede Díaz: "Será un campeonato muy parejo"
Siguiente “No fue una tragedia fue desidia”