En Burzaco, cientos de fieles piden pan y trabajo

Como cada 7 de agosto, las filas comenzaron a formarse desde temprano en la parroquia San Cayetano de Burzaco.

Algunos se acercan a agradecer, otros a pedir. La postal se repite año tras año en la parroquia de San Cayetano en Burzaco, pero el contexto de crisis genera que el número de fieles que se acercan aumente considerablemente.

En la Región, ya es tradición la muestra de fe en Burzaco. Una vigilia es la antesala de un día, que  pese  al mal clima, atrae a cientos de vecinos. A la medianoche se abrieron las puertas, que volverán a cerrarse cuando el día finalice, y se realizan varias ceremonias religiosas.

“Son muchos los que vienen a hacer la vigilia, gente que viene todos los años”, contó a Info Región un vendedor de estampitas que desde hace cinco años monta una carpa en inmediaciones de la parroquia. Son decenas de comerciantes los que aprovechan la ocasión para instalar sus puestos y se pueden conseguir imágenes de santos, velas y espigas, además de las famosas estampitas.

Por la tarde se realiza la procesión con la imagen de San Cayetano, alrededor de la plaza, y monseñor Jorge Lugones preside la misa central.

Más  gente que otros años

El contexto de crisis profundizó la falta de trabajo y muchos se refugian en la Fe. “Paz, pan y trabajo”, es lo que los fieles le piden a San Cayetano, pero también hay quienes acuden para agradecer. “Yo vengo todos los años, pero seguro que va venir más gente. Muchos no tienen trabajo y vienen a rezar para conseguir”, comentó una de  las vecinas que se acercó a la parroquia.

San Cayetano

La historia cuenta que, durante una seguía, un campesino oriundo del Liniers de fines del Siglo XIX le pidió a San Cayetano que el agua viniera, y para eso, le dejó una espiga de trigo a los pies de su imagen. Tres días después, llovió tanto que la ciudad se inundó.

Gaetano (Cayetano) de Tiena había nacido en Vicenza (Italia) en 1480. Fue ordenado sacerdote y entre sus primeras obras donó toda su herencia a los pobres (era hijo de un conde), visitó tugurios, barrió en hospitales y cuidó a los incurables. Trabajó activamente en la reforma de la Iglesia, junto a Antonio Zaccaria, Francesco Caracciolo, y otros. Murió en Nápoli, el 7 de agosto de 1547.

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