Eliminarlas es un mal “PASO”


Como cada año electoral, desde 2011, entra en debate si las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) son una buena herramienta o si en realidad no son ni necesarias ni útiles a la hora de la elección de candidatos. Y este año no es la excepción.

Hace unos días se conoció que, desde las filas del oficialismo de la provincia de Buenos Aires (más precisamente de un conjunto de intendentes encabezados por Jorge Macri) tienen la intención de suprimir las PASO, con el argumento del costo que generan las elecciones. A ese coro de voces, se sumó Pablo Tonelli, diputado que preside la comisión de asuntos constitucionales quién expresó que las considera inconstitucionales y que se meten en la vida de los partidos y su posibilidad de elegir sus candidatos, por lo que se alegraría si se las elimina. Estos argumentos en contra de las primarias no son nuevos, sino que se repiten desde el momento mismo que se crearon.

Sin embargo, todas estas críticas no tienen tanto que ver con lo económico o lo constitucional, sino con el miedo que genera la propia impericia política a la que quedarían expuestos en una elección que puede funcionar a modo de muestreo de preferencias.

Distintos analistas y profesionales han encontrado beneficios en las elecciones primarias como una herramienta institucional. No solo en lo que respecta a la selección de candidatos, sino también como filtro de opciones que no logran ser competitivas y como instrumento para que distintos partidos converjan en alianzas y diriman las diferencias en elecciones.

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Si bien no se puede hacer una generalización, de la experiencia se desprende que aquellas fuerzas que tuvieron una primaria encontraron un canal positivo para potenciar sus espacios. Pero esto no es producto del azar, sino que surgen a partir de reglas de juego claras, que son respetadas y que a la larga cohesionan a la alianza electoral. Y, paradójicamente, el caso de Cambiemos en el año 2015 es la muestra de la buena utilización de las PASO para legitimar la selección del candidato a presidente. En aquel entonces, nadie dudaba que Macri resultaría ganador de su primaria; en efecto, esa elección lo potenció para entrar en carrera a la primera vuelta con una victoria en sus espaldas, siendo acompañado por todos los miembros de la alianza tras el resultado.

Este ejemplo es la demostración de que las Primarias no son negativas, sino que lo que necesitan son de buenas estrategias políticas.

Las PASO son una buena herramienta que en muchos casos está mal utilizada. Los oficialismos suelen presentar listas únicas, creyendo que esa es la mejor manera de mantener a la agrupación estable. Sin embargo, la cuestión pasa por las reglas de juego y la estrategia política, más allá de quién “tiene la lapicera”.

Aun sin haber logrado todos los objetivos que se proponían en un principio, las elecciones primarias todavía tienen un recorrido por hacer y aportar a la democracia argentina. Eliminar las primarias es encontrar un atajo para no exponer la falta de política. El esfuerzo debe estar puesto en acercarle a los ciudadanos mejores ofertas. El problema no son las PASO sino la falta de ideas y propuestas (como también la selección a dedo de los candidatos); en ningún caso acortar los canales de participación pueden ser positivos para una mejor democracia.

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