Medias y bata


Ya todos vimos hasta aburrirnos las fotos del ex ministro de Economía Roberto Lavagna en la que combina sandalias con medias.

Memes, comentarios a favor y en contra, burlas, justificaciones e indignaciones inundaron las redes y noticieros.

Para quienes nos dedicamos a estas cosas de la comunicación sabemos que ninguna foto es inocente y, mucho menos, inocua.

Es que el posicionamiento es una construcción en la que se acumulan sedimentos que no se cubren unos a otros sino se amalgaman para crear nuevas imágenes que impactarán en los sentidos de los votantes.

En ese sentido, el problema no pasa por la desafortunada elección de vestuario más propia de un turista degustador de Carcasonne y fumador de Parliament largos que la que se supone para un gestor de la cosa pública, sino por lo que este vestuario que significa: un señor mayor que dicen que aspira a la presidencia de la República.

No es cuestión de edad, sino de representaciones: un inglés, un alemán o un francés podrán hablar de Churchill, Adenauer y De Gaulle, venerables conductores octogenarios.

Los nuestros fueron el Yrigoyen derrocado al que el mito dice que le escribían un diario y el tercer Perón, león hervíboro al que le adjudicaban un entorno liderado por un astrólogo cretino y una tercera esposa insolvente.

En esos días circuló, también, una foto en la que el Presidente, Mauricio Macri, recorría el junto a la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, y al titular del PAMI, Sergio Cassinotti, el Hospital Bernardo Houssay de Mar del Plata. La placa reflejaba al Jefe de Estado vistiendo una bata quirúrgica que para muchos estaba al revés.

Más allá de que en tanto visita la bata estaba correctamente puesta, las redes se saturaron de memes y comentarios en la que lo comparaban con el lelo personaje de Los Simpsons Rafa Gorgory o mencionaban su afición a frecuentar centros de bienestar vacacionales.

Independientemente de lo que indiquen las buenas prácticas de quirófano, si esta toma se hubiese realizado tras la victoria de la coalición de gobierno en las legislativas de 2017 habría sido una imagen simpática e informal y las críticas jamás habrían traspasado las fronteras de los derrotados.

Pero fue tras cuatro trimestres de recesión, con una inflación indomable y con el recuerdo de una devaluación de más del cien por ciento. En ese contexto, no hay explicación eficaz sino que pueda evitar que la imagen de tarambana e incompetencia que pretenden construir sus opositores comience a capilarizar en sectores que parecían blindados.

“No importa qué digan, lo importante es que hablen de vos”, sostiene un axioma de la publicidad que aconseja realizar acciones de alto impacto para lograr que el ojo que todo lo ve y todo lo cuenta pose su mirada.

Un ejemplo son las piezas y acciones de dos personajes públicos que supieron gozar con dispar fortuna de los beneficios del oficialismo durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner: Guillermo Moreno y Luis D’Elía.

Paradigmas de las posiciones más duras y blancos preferidos de la oposición, sus acciones fueron siempre amplificadas lo que les permitió protagonizar cientos de páginas y minutos en los medios.

En las elecciones primarias del peronismo porteño de 2017, Guillermo Moreno obtuvo un penoso tres por ciento de los votos y no logró acceder a las listas de Unidad Porteña. Por su parte, D’Elía fue raleado de las listas de Unidad Ciudadana, la coalición que llevaba a Cristina Kirchner como candidata a senadora nacional por Buenos Aires, y presentó una lista en solitario con la que apenas arañó 15 mil votos y no logró alcanzar el piso necesario para participar de la legislativa de 2017.

Los posicionamientos, muchas veces, son juegos de espejos. Hay que tratar de eludir algunos de ellos.

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