Educar empoderando


Por razones profesionales, en los últimos días volví a ver el documental Entre Maestros, una experiencia educativa sin precedentes que había visto por primera vez hace varios años, como alumna universitaria. En esta oportunidad mi mirada se construyó desde otro lugar, el de “educadora”, y eso me permitió advertir una perspectiva muy distinta a la anterior.

La película es muy útil para reflexionar sobre nuestras prácticas cotidianas y la relación que nos compete como adultos en este proceso de enseñanza/aprendizaje como una construcción y un proceso constante, en el que el sujeto-adolescente debe ser protagonista y debemos propiciar espacios en la búsqueda constante de su potencialidad e intereses para favorecer el conocimiento.

Entre Maestros… parte del trabajo con un grupo de adolescentes “hartos de ir a la escuela y que no creen en el sistema” y se propone en el corto tiempo de 12 días, revertir esta situación y lograr despertar en ellos el conocimiento que todos tenemos, la sabiduría que todos tenemos. Situación que nos es muy familiar a muchos educadores en las aulas que transitamos.

Nos muestra cómo se va construyendo la relación entre el educador, un docente de matemática y física, y los educandos. Como dice Paulo Freire: “Enseñar no es transferir conocimientos, sino que es crear las posibilidades para la propia construcción y producción del sujeto que aprende”. Hay una escena del documental en la que el educador les entrega unas mariposas para que cuenten. El objetivo era que los jóvenes comiencen a reconocer su sabiduría interior, la que todos tenemos.

Toda la experiencia se centra en la subjetividad de los educandos para poder motivarlos y visualizar sus potencialidades en este proceso. Es decir, la educación es propuesta desde el enfoque de la subjetividad.

Es así que el documental nos muestra cómo el educador se propone desde la perspectiva de inclusión de la subjetividad de los jóvenes en la educación, construir el interés en el conocimiento. En cada clase propone situaciones-problemas de la realidad de los jóvenes, luego continúa con la hipótesis de solución para provocar el conocimiento, deseo, curiosidad y luego teoriza, que es la comprensión de la situación-problema.

Pasa al siguiente nivel que es la hipótesis de solución, con argumentación, comprobar, refutar, construir las hipótesis y concluye con el último paso que es la comprensión, aplicación y/o reconstrucción de la realidad. Esto lo podemos ver a manera de ejemplo en el caso de la geometría: el “maestro” les muestra una caja que, al abrirla, los jóvenes encuentran una caracola. Esto crea un clima de interrogantes y de posturas “curiosas por parte de los educandos”. La observan, la miran con curiosidad, dan cuenta de sus formas, les apasiona, muestran interés y el educador les menciona que en la belleza de la naturaleza se encuentra la geometría y que este tipo de geometría se la denomina “sagrada”. Y luego de ver el interés de los jóvenes, continúa la clase mencionando que este tipo de geometría se encuentra en las catedrales y también en el cuerpo humano. Entonces, los jóvenes se miden y lo hacen entre sí. Y continúa el proceso de sentir la sabiduría. Esto despierta la motivación y el interés de los jóvenes.

Es en este sentido que se manifiesta la importancia del sujeto en el proceso educativo. La educación sin tomar en cuenta al sujeto no es posible, si hablamos de educación como un proceso transformador y emancipador, donde el sujeto es protagonista de ese proceso. Su subjetividad es inherente a la constitución misma del sujeto y por lo tanto, estamos atravesados por múltiples dimensiones que nos caracterizan como el contexto sociocultural, histórico, político, etc., en el que el deseo y el interés deben ser tenidos en cuenta para potenciar y propiciar el conocimiento, el pensamiento crítico y problematizador. No podemos dejar de lado la singularidad de cada sujeto en este proceso de construcción constante en el que nosotros mismos como educadores, somos participes cotidianamente en este ida y vuelta de la educación trasformadora y emancipadora.

Educación problematizadora como propone Paulo Freire, en el que los sujetos son activos en su construcción de aprendizajes. Educación que debe ser abierta, indagadora, potenciadora de la curiosidad de los sujetos educandos.

La diversidad tiene que ver con esto, con el reconocimiento del sujeto, su singularidad y su particularidad y potencialidad en proceso de educación. Propiciar los espacios para que esto ocurra y proponerles tareas desafiantes, potentes y estimulantes que los impulsen a desarrollar sus capacidades individuales como muestra el documental.

Teniendo en cuenta lo antes descripto, me parece interesante reflexionar teniendo presente que la enseñanza-aprendizaje se construye cotidianamente en los espacios áulicos y de producción de conocimiento. El educador debe intervenir de manera reflexiva y practica en este proceso, ya que la enseñanza misma es una práctica social de transmisión cultural, para favorecer la inserción creativa de los sujetos en las culturas. En este proceso se producen saberes y modos de vincularse con el conocimiento. La apropiación y reconstrucción cultural genera nuevos sentidos y proyectos de vida, el sujeto que aprende también se trasforma.

La relación pedagógica docente-educandos resulta fundamental donde el afecto y el respeto deben ser prioridad. El docente se posiciona en un rol diferente al del alumno como sujeto adulto y tiene la responsabilidad de proporcionar los medios para que se produzcan los buenos aprendizajes de los alumnos.

Es un proceso que facilita la trasformación permanente del pensamiento, las actitudes y los comportamientos de los educandos, provocando el contraste entre sus adquisiciones más o menos espontaneas en su vida cotidiana con las proposiciones de las disciplinas científicas, artísticas y especulativas, estimulando su experimentación en la realidad.

El educador ha de intervenir y facilitar los procesos de reconstrucción y transformación del pensamiento y la acción de los educandos conociendo los múltiples influjos que tienen lugar en la compleja vida del aula e intervienen decisivamente en lo que aprenden los estudiantes y en los modos de aprender

El alumno construye su aprendizaje mediante la articulación por un lado, de su proceso individual, porque se da en un sujeto único e irrepetible y, por el otro, como proceso social porque supone una actividad interpersonal en la que se aprende con y por la mediación de los otros, en una relación dialógica en tres direcciones: entre  docente y educandos entre educandos y entre estos y la sociedad basados en el respeto por la diversidad y con acciones significativas desde una perspectiva cognoscitiva para ellos.

Y es un proceso esencialmente social e interactivo, consistiendo en una auténtica apropiación de los recursos culturales gracias a la participación del sujeto educando en una actividad conjunta con otros.

En este sentido, el docente debe construir el aprendizaje junto a los educandos propiciando espacios de intercambio, diálogo, acción, que se relacione con su contexto histórico social, cultural, intereses, como sujetos de derecho, desde el respeto y la comunicación en dialogo constante, fomentando el pensamiento crítico y propiciando la reflexión en su práctica cotidiana y en su relación de afecto con los educandos.

La película

Un grupo de adolescentes, desmotivados por la educación que han recibido en la escuela, asisten durante doce días a unas clases especiales. Un maestro intenta despertar en ellos la capacidad de conocerse, creando un ambiente que ayude a sus alumnos a descubrir los enormes potenciales que habitan en su interior. Un nuevo método de enseñanza que él llama “educar empoderando”.

Un documental sobre la experiencia real y directa de un profesor de matemáticas y física que persigue que once alumnos recuperen la motivación y la autoestima. Una experiencia basada en el respeto, la confianza y la provocación.

Carlos González, que fue profesor de matemáticas y física en la escuela secundaria durante veinticuatro años, decidió un buen día abandonar un sistema en el que ya no creía y tratar de desempeñar su labor docente desde un prisma nuevo: enseñar a los alumnos a descubrir el mundo a través del autoconocimiento, dejar de ser profesor para convertirse en un maestro, al más puro estilo de la Institución Libre de Enseñanza. El resultado de aquella experiencia se plasmó en el libro Veintitrés maestros, de corazón. Un salto cuántico en la enseñanza (que colgó de forma gratuita en Internet y solo después se publicó en papel). Gracias a Pablo Usón, que tiene una amplia experiencia como productor de televisión, lo que en principio iba a ser una película de ficción se ha convertido en un documental rodado a partir de un taller de doce días en el que González ponía a prueba su método con once alumnos especialmente seleccionados para la experiencia. Como afirma en un momento dado, “el fracaso sería no hacerlo, no intentarlo”.

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