¿Es muy alta la presión tributaria en nuestro país?


Resulta imposible, sin aclaraciones previas, alcances, ambientes y contextos, expresar una opinión definitiva sobre esta simple pregunta: ¿Es elevado el nivel de presión tributaria en Argentina? Tampoco se puede desconocer, la existencia de factores que llevarían la discusión a distintos ámbitos, desde técnicos hasta filosóficos, pasando por los políticos y partidarios.

Muchos informes, intencionados o no, dirán “Argentina tiene la presión tributaria más alta de la región, o el mundo, o de los últimos tantos años, o menor que…” y entonces, alguien pensará:

¿Esto que implica? ¿Para quién, para las empresas o para las personas? ¿Que sea alta es malo? ¿Respecto de qué es alta?  Se nos llena el disco duro de preguntas…

Siempre se dijo que las comparaciones son odiosas, sobre todo porque es muy difícil pensarlas en términos de equivalencias…

¿Si comparamos la presión tributaria entre países, podríamos concluir algo útil? Tal vez, pero dependerá de las condiciones y necesidades de cada uno. Tal vez, la presión de un país como el nuestro sea más baja respecto a Dinamarca. ¿Eso es bueno?

Si un país tiene altos índices de informalidad y evasión, probablemente su estructura tributaria posea altos impuestos al consumo o de fácil recaudación, que dependan poco de la conciencia tributaria del contribuyente (digamos un IVA alto, un impuesto a los débitos y créditos, o sobre los ingresos brutos, por ejemplo). Y es posible que otro país posea mayor presión fiscal, pero más progresiva, fruto de una mayor conciencia tributaria, que pueda ser el resultado de ver claramente el destino de sus impuestos. Entonces ¿qué es mejor? ¿alta o baja? Siempre depende

Hace años, por cuestiones laborales, me toco entrevistar un candidato a un trabajo que vivió años en el exterior y volvía a Argentina. En la charla me contó que trabajó en relación de dependencia y que en el lugar que residía le retenían directamente del recibo de sueldo el 51%. Y agregó: “El 49% era para lo que quisiéramos hacer en familia. Porque yo dejaba los chicos en la escuela y tenían allí hasta pediatra y odontólogo”.

Entonces, ya casi filosofando, es posible que no haya presión tributaria buena o mala, sino que simplemente sea la que necesita ese Estado, y se sentirá mejor o peor de acuerdo a cómo le permita vivir a su sociedad.

Entonces tal vez debiéramos intentar que la sociedad deje de percibir solo la carga impositiva y previsional. Es difícil y llevará muchos años cambiar la conciencia tributaria, sobre todo porque se percibe como algo malo y hasta injusto. He vivido la experiencia de perder clientes que sentían que les hacía pagar demasiados impuestos. También, sé que hay una gran cantidad de jubilados que nunca han aportado al sistema, y sin embargo sienten injusto el sistema previsional reclamando porque no les alcanza. U otra parte de la sociedad, incluyendo a cierto sindicalismo, que sostiene que los sueldos no son ganancias y por lo tanto no deberían tributar ese impuesto, aunque ganen mucho más que un autónomo o pyme, y tantos otros que sienten que se pagan demasiados impuestos y encima los servicios básicos del Estado se los tienen que contratar en forma privada. Entonces, si se legislara según todas estas opiniones, ¿quiénes sostendrían todo el sistema, las empresas y los autónomos? O ¿más impuestos regresivos, al consumo o generalizados para todos?

Personalmente, me gustaría que se pensara  en la presión tributaria como un dato informativo, y que la discusión se centrara en el desarrollo de una estructura tributaria seria, equitativa, progresiva, entendible, y sin mezquindades políticas que permitan pensarla  a largo plazo, sin que esto sea solo uno o dos mandatos.

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