Bienvenido al Capitalismo de Vigilancia


Una nueva mutación del capitalismo está ocurriendo ante nuestros ojos, una más profunda y amenazante que las anteriores, porque, además de modificar las lógicas de acumulación que son propias de cada etapa, arrasa con principios básicos de la vida democrática moderna como el derecho a la intimidad, a la libertad de elegir, y a la inclusión económica dentro del sistema productivo. Se trata del Capitalismo de Vigilancia.

Así como el capitalismo industrial se consolidó en la primer mitad del siglo XX a partir del desarrollo de las cadenas de montaje, la producción en serie y fabricación de productos masivos; y el capitalismo financiero tuvo su apogeo a fines de esa misma centuria, asentado en el incremento de capital ocioso y la sofisticación de los instrumentos de inversión especulativa, a principios del Siglo XXI estamos presenciando la instauración de un modo de acumulación capitalista centrado en la explotación de una nueva materia prima: nosotros, o, más precisamente, nuestros datos personales, que son apropiados de modo subrepticio por parte de los capitalistas de vigilancia, convirtiéndose en los activos principales del nuevo proceso económico a partir de la predicción e incluso la automatización de nuestro comportamiento con el fin de vender esa información al mejor postor.

Ese ese es el eje -brutalmente resumido por cierto- del planteo de Shoshana Zuboff, una docente e investigadora de Harvard que se había lucido a finales de los ochenta con un trabajo sobre el impacto de la informática en el sistema productivo estadounidense, y que treinta años después presenta un trabajo mucho más amplio en el que describe cómo aquel incipiente cambio en el ámbito laboral se expandió a todos los espacios de la vida personal. Desde 2015, con artículos académicos y periodísticos, Zuboff viene advirtiendo sobre la transformación económica y social que implica el fenomenal crecimiento de las empresas tecnológicas, fundamentalmente Google y Facebook (a los que denomina “Big Other”, término que remite al “Big brother” de la sociedad de masas) a partir de un nuevo modelo de negocios que se expande sobre una sociedad y una democracia indefensa ante la prepotencia de los hechos consumados de la recolección de datos privados y su comercialización.

En enero de este año Zuboff consagró su investigación con la edición del libro The Age of Surveillance Capitalism

Los trabajos previos culminaron en la edición de un libro de 660 páginas publicado hace pocas semanas en Estados Unidos, The Age of Surveillance Capitalism, que aún no tiene traducción al español y que ha contado con una limitada difusión periodística.

La lógica del capitalismo extractivo

El planteo central es que estamos ante “una lógica emergente de acumulación” que ocurre en el ámbito de Internet y está “constituida por mecanismos inesperados y a menudo invisibles de extracción, mercantilización y control” de datos privados, “que exilian a las personas de su propio comportamiento mientras producen nuevos mercados” asentados en la predicción y modificación del comportamiento humano”.

Google guarda todas las búsquedas que hemos hecho a la largo de nuestra vida en red, también almacena el audio de nuestras instrucciones verbales a Google Now, nuestro historial de navegación, nuestras compras, sabe qué celular tenemos, cuánto lo usamos, donde estamos o hemos estado cada día de nuestra vida, conoce el frente de nuestra casa, y el fondo también.

A través de la red también es posible saber con quién estamos (cruzando la ubicación geográfica de otros móviles), de qué hablamos (si alguien habilitar de manera remota el micrófono de nuestro celular), cuál es nuestro estado de ánimo, cuánto dinero tenemos, cuánto ganamos, en qué lo gastamos, cuántos pasos damos y en qué momento del día, quiénes son nuestros contactos, qué hablamos con ellos, qué mails recibimos y enviamos, qué compramos, qué tipo de cobertura sanitaria tenemos, dónde trabajamos, si tenemos auto, y en ese caso qué modelo, si tenemos intención de venderlo o de comprar otro, si estamos por alquilar una casa, o comprarla. Todo está en la red. Pero no sólo está ahí, inerte, arrumbado. Nuestros datos son sometidos a técnicas de extracción de datos que nos exponen.

Big data como herramienta de predcción

El denominado Big data es una disciplina en expansión orientada fundamentalmente a procesar esos datos para extraer valor a partir de la contextualización y el cruzamiento de registros. La extracción se produce mediante técnicas denominadas Minería de datos, destinadas a convertir grandes volúmenes de datos en información valiosa. El objetivo, en principio, es poder predecir nuestros actos de consumo, para luego incluso intentar provocarlos. La idea es encontrar en ese mar de información los patrones de comportamiento de cada uno de nosotros para anticipar nuestros consumos, con la pretensión ulterior de lograr reproducir artificialmente esas condiciones de modo de inducir nuestro comportamiento, lo que acotaría aún más nuestra libertad de decisión y acción.

Algunos de esos datos, antes de que Google comercializara publicidad, ya eran recopilados por la empresa con la intención de mejorar la experiencia de búsqueda mediante la personalización de los resultados, sin asignarles un fin comercial. Sin embargo, como consecuencia de la crisis de las empresas puntocom del año 2001 y la necesidad de monetizar el servicio -que hasta entonces prestaba sin publicidad- el buscador, que para entonces había acumulado un excedente de datos personales, comenzó a comercializar esos activos en el incipiente mercado de vigilancia. Ese ingreso al mercado le proveyó de recursos económicos, que rápidamente reinvirtió en la obtención de más materia prima mediante el desarrollo de herramientas más poderosas para la extracción de datos y su procesamiento inteligente.

Ese circuito de extracción de datos mediante los dispositivos de vigilancia, procesamiento, producción de excedente y comercialización en el mercado de vigilancia es el principio de la generación de riqueza de este nuevo capitalismo de vigilancia en el que, a diferencia de lo que ocurría con el capitalismo industrial, los usuarios no somos lo clientes en la medida en que no compramos el excedente producido por la empresas de vigilancia, sino que ocupamos el rol de materias primas vivientes, usadas por las empresas tecnológicas para obtener beneficios sin ser participados y sin ofrecernos una contraprestación razonable.

“Este fue el origen del capitalismo de vigilancia en una creación lucrativa sin precedentes: excedente de datos de comportamiento, ciencia de datos, infraestructura material, potencia computacional, sistemas algorítmicos y plataformas automatizadas. A medida que las tasas de clics se dispararon, la publicidad se volvió rápidamente tan importante como la búsqueda. Finalmente, se convirtió en la piedra angular de un nuevo tipo de comercio que dependía de la vigilancia en línea a gran escala”, describe Zuboff.

Algo más que una nueva etapa del capitalismo

La tesis da una vuelta de tuerca sobre otras teorías previas que dan cuenta del ingreso a una nueva fase de desarrollo capitalista denominada sociedad del conocimiento o -como la denomina el sociólogo español Manuel Castells-, informacional que plantea que la producción del excedente de capital, indispensable en cualquier modo de desarrollo, está determinado por el acceso diferencial a los dispositivos informáticos aplicados al desarrollo del conocimiento y al empleo de ese conocimiento en el desarrollo de nuevos dispositivos y técnicas que permiten la producción de más conocimiento, generando un círculo virtuoso de crecimiento.

Lejos de ese optimismo, el Capitalismo de vigilancia “desafía las normas democráticas y se aparta de manera clave de la evolución de siglos del capitalismo de mercado”.

Una clave para explicar esa idea es la acción de facto, e inconsulta de extracción de datos. En su trabajo, Zuboff cita dos informes del jefe de economistas de Google, Hal Varían, en el que describe cuatro usos que se derivan de las transacciones mediadas por computadora: “extracción y análisis de datos”, “nuevas formas contractuales debido a un mejor monitoreo”, “customización y personalización” y “experimentos continuos”. Esos serían las cuatro etapas del proceso de producción de excedente de la empresa, que está admitiendo que el punto de partida es una acción unilateral de “extracción” de datos, aunque lo disimula detrás de una pretendida “nueva forma contractual” que en rigor no existe. No hay contrato entre partes en la extracción de datos, hay normas de adhesión que son insalvables si se pretenden utilizar los servicios. Es decir, si se extrae no hay reciprocidad, por lo tanto, no hay un acuerdo.

Este capitalismo extractivo y desarraigado que promueve el “Big Other” sorprendió además a la sociedad y a sus instituciones como los conquistadores a los habitantes originales de América, afirma Zuboff. Era inimaginable hace unos años la expansión de esta forma de generación de riquezas y ni los usuarios ni los gobiernos estaban preparados para hacerle frente. Especialmente porque las empresas han empleado la lógica del conquistador, que plantea que es mejor pedir perdón que pedir permiso. Así, avanzaron todo lo que pudieron sobre el terreno virgen de la privacidad de las personas en la búsqueda despiadada de rentabilidad y obtención de posición dominante, pidiendo disculpas sólo cuando trascendieron los grandes escándalos de espionaje o tráfico de información.

Es probable incluso que la solución no sea simplemente dividir las empresas, como propuso hace poco la senadora norteamericana Elizabeth Warren ni de aplicarles multas, como viene haciendo reiteradamente la Comunidad Europea, sino de desplegar acciones y regulaciones que impidan la consolidación de esta nueva mutación del capitalismo sin desmedro del avance de la tecnología, porque no es cierto que la obtención de datos personales de comportamiento sea una condición necesaria del desarrollo tecnológico. “El capitalismo de vigilancia es una creación humana. Vive en la historia, no en la inevitabilidad tecnológica”, por lo que la disputa sobre la propiedad de los datos de comportamiento se presenta como un debate errado en la medida en que los datos en sí no existirían si no fueran recopilados clandestinamente.

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