Domitila, el cóndor de los Andes

Esposa de un minero boliviano, sostenía que la lucha de la mujer no debía ser contra el hombre, sino contra el sistema de dominación de los pueblos.

Domitila Barrios Cuenca de Chungara nació en la minera Potosí un 7 de mayo de 1937 en la más estricta pobreza. Era la mayor de cinco hijas de un sastre remendón que perdió todo en la Guerra del Chaco -una guerra en la que Bolivia y Paraguay fueron marionetas de la Standard Oil y Shell- y de una madre postrada que las dejó demasiado pronto lo que la obligó a trabajar como palliri, una suerte de cartonera del residuo mineral.

Se casó con un minero y en 1952 ingresó al Comité de Amas de Casa de la mina Siglo XX, donde llegó a ser secretaria ejecutiva. La acción gremial de las mujeres de los mineros no era una novedad pues siempre que las dictaduras encarcelaban y militarizaban a los trabajadores eran sus mujeres las que organizaban la resistencia a través de estructuras paralelas como los comités de amas de casa. Esa estrategia no fue gratuita: muchas penaron y languidecieron entre cárceles y torturas.

Domitila sostenía que la lucha de la mujer no debía ser contra el hombre, sino contra el sistema de dominación económica, política y cultural de los pueblos. Lograr igualdad de derechos, acceso a la educación y al trabajo, no eran sino herramientas para pelearle en yunta a la opresión del capitalismo.

Fue así que cuando el gobierno del general René Barrientos militarizó las minas para frenar una huelga, la noche del 24 de junio de 1967 se produjo una matanza que acabó con la vida de decenas de hombres y mujeres en las minas de Catavi y Siglo XX: fue la masacre de San Juan.

Tras matanza, fue detenida. Estaba embarazada y su hijo murió sin auxilio médico tras nacer a fuerza de patadas de militares en la celda a la que la condenaron por insultarlos.

No fue el único hijo que perdió por pelear. Tras la ocupación militar de los distritos mineros para reprimir una huelga de protesta contra el régimen de Hugo Bánzer, el general que desde 1971 ocupaba el Palacio del Quemado, Domitila se refugió en una mina con otros dirigentes. Salió para parir mellizos cuando se enteró que uno estaba ya muerto en su vientre a causa de los gases tóxicos de las galerías.

Bolivia había tenido 184 presidentes desde su independencia pero ninguno como Bánzer quien llegó apoyado por Brasil para “expulsar del país al extremismo utópico, acabar con un régimen anárquico y depredador y sustituir el caos por el orden.” Para eso restableció la pena de muerte; autorizó la detención ilimitada y sin juicio por motivos políticos, y prohibió partidos, sindicatos y reuniones públicas.

En diciembre de 1977, cuatro esposas de mineros presos comenzaron una huelga de hambre en el arzobispado de La Paz para exigir a Bánzer amnistía y elecciones generales. Eran Luzmila de Pimentel, Nelly de Paniagua, Aurora de Lora y Angélica de Flores, junto a ellas sus 14 hijos quienes un día después abandonaron la medida y fueron reemplazados por los sacerdotes Luis Espinal y Xavier Albó, el obispo metodista Pastor Montero, y nuestra Domitila Chungara.

A los pocos días, más de 1.500 bolivianos se sumaron a la huelga. La situación hizo que la policía detuviera a los ayunantes a quienes trasladaron a las prisiones del régimen, una medida que hizo que la jerarquía católica declare el cierre de todos los templos y la suspensión de las misas: Dios ya había hablado, faltaba el pueblo.

El domingo 15 de enero no hubo misas. Bolivia se quedó sin indiferentes y el miércoles 17, Banzer anunció que se allanaba a cumplir los pedidos y convocó a elecciones que se celebraron el 9 de julio de 1978. Fueron un fraude tan escandaloso que el ex ministro del Interior y comandante de la Fuerza Aérea Boliviana amenazó con bombardear La Paz si Bánzer no renunciaba cosa que el tirano hizo en medio de lágrimas ante las cámaras de TV.

En 1978 fue la primera mujer en integrar como candidata a la vicepresidencia y junto al dirigente campesino Casiano Amurrio, la fórmula del Frente Revolucionario de Izquierda.

En 2005 fue nominada para el Nobel de la Paz  junto con Ana María Romero de Campero y Nicolasa Machaca, entre 1000 mujeres destacadas del mundo.

Madre de 11 hijos, enterró a cuatro y, aunque la exilaron en los 80, se instaló en Cochabamba, para trabajar en la formación política de las jóvenes de los barrios más empobrecidos de esa ciudad en la que falleció de cáncer de pulmón el 13 de marzo de 2012 a los 74 años. 

Tras el anuncio de su muerte el gobierno del presidente Evo Morales decretó tres días de duelo mientras que en su Pulacayo natal y en los distritos mineros de Oruro y Potosí también se declaró el duelo. Por su parte, la Gobernación de Cochabamba dispuso que sus restos se despidieran con honores.

Además, el presidente Morales dispuso que le otorgue el Cóndor de los Andes en forma póstuma. La más alta distinción que otorga el Estado boliviano por eminentes servicios que hubieren prestado a la nación.

Por su parte, Luzmila de Pimentel, Nelly de Paniagua, Aurora de Lora y Angélica de Flores, las primeras ayunantes recibieron el Cóndor de los Andes en 2013.

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