Crimen del diácono: La confesión de uno de los jóvenes detenidos

Aseguró que se defendió de un ataque sexual. “Me quiso clavar un cuchillo, forcejeamos”, sostuvo.

Dos jóvenes fueron detenidos anoche por el crimen del diácono de Temperley Guillermo Luquin. Uno de los aprehendidos aseguró que se defendió de un ataque sexual y denunció, en un video, que era acosado desde hace años.

Los detenidos son Roberto Javier Céspedes (19) y Leonel Iván Martínez (20). Se entregaron anoche en la comisaría de Villa Galicia, donde uno de ellos grabó un video en el que cuenta cómo fueron los hechos.

Advierte que se defendió de un ataque sexual y denuncia que era acosado desde que tenía 15 años. “El diácono se acercaba cada vez que yo salía de mi casa acosándome, preguntándome si necesitaba algo, si quería ir a tomar un café. El chabón seguía insistiendo en que quería tener algo conmigo”, relató en el video de siete minutos y medio, consigna la agencia Télam.

El joven contó que Luquín lo contactó “por Telegram”, lo invitó a su casa para “una charla” y tomar algo “porque se sentía muy solo” y que cuando él le dijo que estaba con su novio, le respondió que no tenía problemas en que fueran los dos. Según el joven, llegaron cerca de las 23.57 y el diácono les ofreció una gaseosa.

Céspedes dijo que su pareja fue al baño y él al cuarto porque el diácono le quería mostrar unos cuadros. “Cuando estoy entrando a la habitación lo encuentro a Guillermo que se estaba masturbando en la cama con todo el cuerpo obviamente desnudo, a lo que le digo que lo que estaba haciendo era una falta de respeto, que no era lo acordado”, cuenta.

En esa habitación se habría dado una pelea. “Empezó a forcejear conmigo, como para obligarme a tener relaciones con él. Me empuja contra la cama, me baja el pantalón y me mete el dedo en la cola”, señala, y apunta que es ese el momento en el que ingresa su pareja. “A todo esto, Guillermo tenía un cuchillo en la mano”, recuerda. “Ahí fue cuando forcejeamos con el cuchillo que tenía él. Él me lo quería clavar a mí, yo lo tomé de la muñeca y con la misma mano de él y mi mano sobre su puño, se lo llevé hacia el lado de la carótida”, relata.

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