Cómo es el trabajo de las payasas del hospital Santamarina

“Apuntamos de tocar el lado humano de los pacientes”, advierte Sandra, una de las integrantes de HospiPayasos.

Su nombre es Sandra, pero una vez que ingresa al hospital Santamarina de Monte Grande se convierte en “Doctora Matilda”. Alegre, con una sonrisa de oreja a oreja y con una vestimenta muy colorida, recorre las habitaciones del centro de salud para acompañar a quien está pasando por un mal momento. ¿Cómo es el trabajo?

Ella pertenece a la ONG Hospi Payasos y es “payasa de hospital” en diferentes centros de salud de la zona sur del conurbano, entre los que se encuentra el Santamarina de Monte Grande. Si bien no son profesionales de la salud, acompañan a los pacientes para hacer su estadía “menos dramática”.

“Nosotros abordamos junto a los médicos y a los enfermeros, trabajando en conjunto. Lo hacemos con énfasis cuando es en pediatría, porque no solo trabajamos con adultos. Nosotros intervenimos en ese momento para ayudar en algo que no es grato”, contó Sandra a Info Región

Los payasos van una vez por semana a los hospitales y “acompañan a los pacientes” con el objetivo de “rescatar su lado más humano” en esos días que permanece en la cama. “Buscamos hacer hincapié en su subjetividad y en lo que le gusta. Con distintos métodos para distintas personas, intentamos tocar su lado más humano”, precisó Sandra. 

“Trabajamos desde el respeto y la observación. Entramos un segundo antes para ver cuál es la situación del paciente, porque muchas veces no te encontrás con cosas gratas. Por eso hay que estar atento y preparado para encontrarse cualquier cosa”, contó. Y agregó: “Siempre vamos con colores y alegres pero atentos para cualquier situación. No siempre te encontrás gente contenta o que quiere pasarla bien. Muchas veces alcanza con estrechar una mano, y eso es tan importante como haberlos hecho reír: El acompañamiento”. 

Sandra, quien una vez que llega al hospital es la Doctora Matilda, precisó que no hacen “shows” sino que se encargan de “improvisar lo que sale con cada paciente”. “Recordamos la casa con lo que él nos cuenta, cantamos las canciones que le gusta o simplemente charlamos”, señaló. 

En lo personal, indicó que fue algo “que siempre estuvo ahí, pendiente”, ya que desde lo profesional eligió otra tipo de carrera. “La iniciativa me surgió a través de un video. Ahí averigué, me formé en Payamedicos y después formamos nuestro propio grupo. Ya van cuatro años formándonos constantemente para hacer de esto algo bien, que nos gusta y compartimos”, recalcó.  

“Una vez que nace tu payaso, es difícil explicarlo. Esas ganas de hacerlo no se pueden traducir en palabras. Es la mejor versión de mi. La nariz es mágica, te deja hacer cosas que no te animas”, concluyó Sandra. 

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