INFORME ESPECIAL | CIERRES Y BALANCES EN EL CAMBIO DE CICLO

El impacto de un mes agitado


En diciembre las obligaciones desbordan y el tiempo apremia. Las Fiestas y el cambio de almanaque son caldo de cultivo para la ansiedad y el estrés en medio de la vorágine. Cómo atravesar lo que queda del año de la mejor manera.


En el imaginario social, este mes resulta interminable. Pero en la práctica individual, el tiempo nunca alcanza. Aunque diciembre no tiene ni más ni menos que 31 días, cada año se vive de manera especial por ser aquel que cierra un ciclo y que, por lo tanto, obliga a realizar balances, culminar proyectos y analizar pendientes. Si los 365 días fuesen una extensa partida de truco, esta sería la instancia de barajar y dar de nuevo.

Agotamiento, ansiedad, compromisos y expectativas por lo que viene se mezclan al llegar esta etapa del año en la que se acumula el trajín de los once meses transcurridos y lo que aún queda por delante según las imposiciones del calendario gregoriano, como la organización de las fiestas y las vacaciones. ¿Cómo afrontar diciembre de la mejor manera?



Un mes agitado. El avasallamiento de responsabilidades y compromisos en los próximos días es un clásico. A las exigencias cotidianas y la rutina laboral, se suman más tareas a la lista: actos en la escuela de los más chicos, exámenes finales de los más difíciles, despedidas de año con diferentes grupos, compras navideñas, la organización de las típicas reuniones y el “este año nos toca acá el 25 y allá el1”, la planificación de las vacaciones para no pasar todo el verano en casa y demás actividades que pueden devenir en un enorme estrés.

“Se debería tratar de conceptualizar el estrés, no sólo como un desgaste, que en realidad lo es, sino como el producto de un desacomodamiento entre lo que el sistema social demanda y la posibilidad de la persona de cumplir con todo ese requerimiento”, analiza el sociólogo y docente de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ) Osvaldo Gagliardo, quien menciona que esta carga “se le instala al sujeto en forma individual, pero es sistémica”.

En ese sentido, indica que los mandatos e imposiciones de esta época, para quien ya viene agobiado por el desgaste del año, “se convierten en una sobre exigencia, que es un factor clave del estrés”. “Aparecen una serie de demandas extra que el sujeto, con el nivel de vorágine laboral que lleva, no tiene resto para afrontar. Esto produce un fenómeno en el que la ansiedad se convierte en angustia”, afirma Gagliardo.

Así, se conjuga “lo funcional práctico”, que muchas veces se manifiesta en la imposibilidad de cumplir con todos los deberes, y la “cuestión emocional” que, según el sociólogo, generan un caldo de cultivo para que el estrés “germine en mayor medida”.

La psicoanalista Felisa Lambersky de Widder, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), hace eje en la finalización de las clases y “el tema más temido para los padres: qué hacer con los hijos si ambos trabajan”.

“También las Fiestas pueden ser un motivo de malestar ya que muchas veces, bajo el eslogan de que son fiestas familiares, se realizan reuniones forzadas con personas no tan allegadas afectivamente, con lo cual mucha gente decide emprender sus vacaciones y alejarse de los compromisos formales en ese período del año”, menciona.

Al respecto, la psiquiatra Nora Leal Marchena realiza algunas recomendaciones: “Es aconsejable colaborar con la organización de los eventos que nos interesan, poder decir que no y compartir sólo con quienes queremos. Dejar de lado rencores y reproches, entender que los regalos pueden darse todo el año, y que ésta no es la única ocasión en la que hay que salir corriendo a comprar, padeciendo los aumentos de precios y las aglomeraciones”.

En base a sus experiencias con pacientes, la médica de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA) asegura que “habitualmente cuando llegan los últimos días del año aparecen sensaciones de urgencia, ya que muchas veces se siente que hay que terminar todo lo que se está haciendo o todo lo que está pendiente”.

Y comenta que, en este año en particular, “se suma la incertidumbre que provoca un cambio de gestión en el Gobierno, por el sentimiento de no saber cómo seguirán las cosas con las nuevas autoridades y cuánto de las nuevas políticas podrán afectar o no la vida de cada uno”.



Hora de balances. Hay fechas particulares que arrastran consigo un fuerte peso simbólico, como cumpleaños, aniversarios y todo lo que implique cierta renovación de ciclos. Entre ellas, por supuesto, la finalización de un año pone especialmente sobre la mesa todo lo referido a cuentas pendientes y promesas para el año entrante.

Según Gagliardo, en esta etapa se evoca “la cantidad de cosas que no se pudieron realizar durante el año y que deberían ser resueltas para poder empezar con cierta normalidad el ciclo entrante”. “Hay una carga, una tensión que sufren todos los sujetos al hacer el balance del año”, señala el también docente de Sociología de la UBA.

En este marco, Widder sostiene que determinadas cuestiones, como “frustraciones afectivas o económicas, cambios de trabajo, pérdidas o muerte de seres queridos”, se “potencian” a la hora del balance. “Los sentimientos de soledad, abandono y pérdida se refuerzan, sobre todo si el balance da más pérdidas que ganancias”, remarca y asegura que, por esa razón, “aumentan las consultas a fin de año”.

Lo cierto es que esta especie de análisis final obligado que se lleva a cabo en cada cierre de año genera dos miradas. Para la psicóloga Adriana Guraieb, de APA, son “útiles”. “Hay quienes temen a los balances, pero son útiles si podemos anteponer la objetividad a la hora de evaluar nuestros errores, logros, repeticiones y desilusiones”, sostiene.

“Es útil animarse a hacerlo porque nos permitirá detenernos a pensar cuánto intervino el temor, la culpa, el rencor o el egoísmo en la no resolución de algunos conflictos”, considera Guraieb.

Leal Marchena, en cambio, es un tanto más escéptica y señala: “Si tenemos en cuenta que el planeta da una vuelta al sol cada 365 días y que esto se repite desde hace 5000 millones de años en una órbita casi circular que no tiene comienzo ni fin, podemos relajarnos con la conciencia de que mañana será todo igual aunque sea el año que viene, y que los cambios van a depender de nuestras acciones y no de las fechas”.

Y, sin caer en la subjetividad, quizás ambas posiciones sean las correctas. Cerrar, analizar, ordenar, para terminar el año con cierta conciencia, pero con la tranquilidad de que todo seguirá igual una vez que las copas se estrechen pasadas las 0 horas del último día de este 2015.


* Nota correspondiente a la publicación del día 12 de Diciembre de 2015




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