INFORME ESPECIAL | MAÑANA SE CELEBRA EL DÍA INTERNACIONAL DE LA SOLIDARIDAD

La región tiene su cadena de favores


Sus historias hablan de dar y recibir, en una cadena en la que ambos eslabones modifican la realidad. Mientras los primeros tienden una mano, los segundos retribuirán el gesto a futuro. Anécdotas locales de una fuerza que une y gratifica.


La solidaridad te cambia la cabeza. Siempre apoyé las causas solidarias, pero nunca lo hice con tanta conciencia como ahora, después de haber vivido algo tan de cerca. Ahora veo cosas a las que antes, quizás, no le prestaba atención”, cuenta Karina López (44). Hace once años, ella y su marido Emerson Meza (43), de Lanús, atravesaron el peor momento de sus vidas cuando una hilera de ladrillos de un edificio en construcción se desplomó sobre la cabeza de su hija Melina, de entonces seis años.

Aunque muchos atribuyeron a un milagro la recuperación de la pequeña, gran parte fue obra de la solidaridad. “Sin toda la ayuda y la movida solidaria para pagar los tratamientos hubiera sido imposible”, reconoce la mujer, mientras mira a su nena, ya adolescente y a punto de egresarse de la secundaria.

Karina sabe que pudo haber intercedido un Dios, pero reconoce que a la mano divina se sumaron muchas otras para ayudarlos a salir adelante.

Mañana se celebra en todo el mundo el Día de la Solidaridad humana, esa acción que nos eleva y que actúa como un búmeran cada vez que una mano se tiende para sostener a otra. Porque, como dice Karina, después de recibir la ayuda de los otros cuando la realidad se pone difícil, no se vuelve a ser el de antes.



Dar. El Papa Juan Pablo II definía a la solidaridad como “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común” con el objetivo de que “todos sean realmente responsables de todos”. La Real Academia Española precisa con más frialdad: “Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros”.

Es que para que la solidaridad no sea simplemente esto último y, por el contrario, se asemeje a lo que alguna vez anheló el Santo Padre, son necesarios varios factores: dar sin importar a quién, sin recibir nada a cambio y sin que poseamos en abundancia aquello que ofrecemos.

“En Argentina buscamos crear un modelo de solidaridad acorde a las personas comunes. Cualquiera puede donar sangre, órganos en un futuro o poner la foto de un chico perdido en su avatar de las redes sociales”, explica a Info Región el fundador de Red Solidaria, Juan Carr.

Y advierte que en el país “hay una cultura solidaria evidente y sobran las instituciones”, por lo que la tarea de la fundación que preside pasa por “ver cómo movilizarlas”.

Hoy, sin dudas, uno de los mayores catalizadores de las campañas de ayuda es la triple W, donde las redes sociales e incluso páginas como Change.org auspician de plataformas para visibilizar problemáticas y facilitar la donación o colaboración de cualquier tipo, desde dinero hasta una palabra de aliento. “La expresión y generosidad de la gente es tremenda y conmueve todo el tiempo. Tenemos 850 mil personas en las redes sociales, que están ahí, esperando dar y ser solidarios”, describe Carr.

Desde Banfield, Matías Carnival tampoco hubiera podido llevar a cabo su proyecto sin la ayuda de los vecinos y de la red social Facebook. Reparar la calesita de una plaza puede sonar modesto, pero requirió de un esfuerzo enorme por parte de la comunidad.

Cuando en diciembre de 2013 un temporal azotó a la región, un árbol cayó en la Plaza del Campeón, de esa localidad, y destrozó por completo el juego favorito de los más chicos del barrio. “En abril de este año, después de tanto pasar por la plaza y ver la calesita abandonada nos decidimos a dejar ese rol de queja, de lamento, y nos pusimos la meta de hacer algo nosotros, aun sin saber bien cómo, para que los chicos vuelvan a tener su calesita”, le cuenta Matías a este medio.

Después de contactar a los dueños del juego, se enteraron que ellos también tenían un vivo entusiasmo por volver a verla girar. Pero también dieron cuenta de los elevados costos que implicaría su arreglo, por lo que abrieron su página “Calesita de Banfield – Restauración y Reapertura” en Facebook y, luego de una semana, habían sumado a dos mil personas a la causa.

En el proceso, lo más costoso y complicado fue arreglar una pieza del engranaje que es la que hace girar a la calesita. “Lanzamos una rifa de dos camisetas de Banfield firmadas por el plantel, en la que colaboró el Club donando una y el negocio ‘Banfield Shop’ aportando la otra. Juntamos alrededor de 19.000 pesos y el arreglo salió 16.500. O sea que nos llevó prácticamente todo lo recaudado el arreglo de la corona”, detalla. Y aún restaba la recuperación de los muñecos –asientos- que estaban en muy mal estado, la lona cobertora y los pisos.

“Como nosotros no sabemos ni de restauración ni de pintura, se sumaron dos personas muy importantes. Una es Patricia, que es de Burzaco y nos vio en el noticiero. Nos enseñó hasta a lijar. Y otro personaje es de Banfield, le decimos MacGyver y se llama Luis. Él de tanto trabajar ahí se arruinó la cintura”, destaca.

Otro que también se solidarizó con la causa fue el dibujante Diego Greco que, como artista y vecino, le dio un toque especial al arreglo. “Cuando me enteré de la iniciativa me sumé automáticamente. Junto al guionista de ´Tiburcio´, Alejo Valdearena, tuvimos la idea de arreglarla, pero nos dimos cuenta de que era un proyecto enorme, por eso cuando nos enteramos de que un grupo de vecinos la estaba restaurando nos pusimos muy contentos”, había contado a Info Región.

Se espera que el próximo domingo la calesita de la Plaza del Campeón vuelva a girar, con Tiburcio arriba y con la alegría de decenas de chicos que volverán a disfrutar de cada vuelta. Al fin y al cabo, esa será la mayor retribución al esfuerzo colectivo.



Y recibir. Detrás de la dedicación y el afán por ayudar al otro, están aquellos que reciben la mano tendida. Ocupan un rol esencial: a ellos va destinada la ayuda que, en un futuro y para siempre, les recodará su deber de ser solidarios como forma de retribuir el gesto.

En 2004, los Meza debían juntar 50.820 pesos para que su hija Melina pudiera iniciar un tratamiento en el Instituto F.L.E.N.I. Había sufrido traumatismo de cráneo y pérdida de masa encefálica por el golpe que le ocasionó el desplome de una hilera de ladrillos de una obra en construcción en plena vía pública.

“Sin toda la ayuda que recibimos, hubiera tenido que vender mí casa y hoy no tendríamos techo. Estábamos barajando esa idea porque yo, en principio, no quería la ayuda, me daba verguenza aceptarla. Vendimos el auto porque era mucha plata para juntar, pero la solidaridad se volvió imparable”, evoca Karina y expresa su gratitud: “Después de haber pagado los tratamientos, la gente le traía regalos. Nos traían plata y les decíamos que no y entonces iban y le compraban algo a la nena. Fue una emoción tremenda, lo cuento y lloro”.

Hoy sostiene que, ante cualquier cruzada solidaria, trata “de dar una mano”. “Lo de Melina me cambió la cabeza. Todos los negocios del barrio tenían la imagen que habíamos hecho para conseguir la plata. No puedo darle la espalda a quien necesita”, asegura.

Hoy Meli es una adolescente de 17 años que está por egresar de la secundaria. “La rema a diario, es emocionante verla. Se anotó para estudiar periodismo deportivo, se fue a Bariloche y está cumpliendo todas sus metas”, destaca su madre.



El abrazo del otro. Cuando la tragedia se cruza en el destino, sólo queda refugiarse en los otros para hallar consuelo. Y a Luis Ramallo, bombero voluntario de Glew, son muchos los que lo abrazan. Conocido en el barrio, y querido por su vocación, esa que no tiene horarios y lo transforma en héroe cuando el fuego se encapricha con hacer de las suyas, es él quien siempre sale a ayudar pero quien ahora necesita ayuda.

El 18 de octubre, mientras trabajabaen un accidente ocurrido en el cruce de Miguel Cané y Tapín, se enteró que su casa se estaba prendiendo fuego. A toda velocidad se montó en la autobomba y al llegar a su hogar, respiró al dar cuenta de que su mujer había logrado rescatar a sus hijos de 5 y 7 años. Todo lo demás estaba perdido.

“La única mano que tengo en todo momento es la de la gente, su solidaridad está presente siempre. Hubo muchos que se acercaron a darme una mano y preguntarme qué necesitaba, gente de todas partes. Vinieron con ropa, heladera, camas y un montón de cosas”, destaca Luis a Info Región.

Sus compañeros en el Cuartel también juegan un rol fundamental para ayudarlo a recuperar su hogar. Desde ese día reciben donaciones en el destacamento ubicado en Domingo Faustino Sarmiento 221.

“El apoyo y la solidaridad de la gente es algo inesperado y emocionante. Vinieron hasta empleados de Sodimac, que colaboraron con algunos materiales”, insiste Luis, a la vez que menciona: “A mí no me gusta pedir nada, y me cuesta recibir ayuda, pero la verdad es que me emociona mucho porque el abrazo de la gente es incomparable”.

Nunca tiene los mismos fines y a veces se disfraza de vida, como en el caso de Melina, de entusiasmo y altruismo, como en el de la recuperación de la calesita de Banfield, o de necesidad y amor, como en la historia de Luis. Lo cierto es que, en todos los casos, la solidaridad se transforma en verbo cuando da paso a aquella palabra que se forma mágicamente en el centro de la misma: Dar.


* Nota correspondiente a la publicación del día 19 de Diciembre de 2015




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