NOCTURNIDAD Y FALTA DE CONTROL

Fiestas clandestinas, un drama sin control que tomó las noches

La pileta de la quinta donde el 1 de enero murió Yésica Emilia Uscamayta Curi.


La fiesta de Moreno da cuenta de una problemática que pone en jaque al Estado. “Perdió presencia siendo parte del negocio”, denuncia Oscar Castellucci. La prevención que hacía el REBA cesó desde que el ente quedó en manos de Seguridad. “Cuando pasa algo así, el rótulo les cabe a todos”, dice a Info Región Gerardo Jara de la Cámara de bares y boliches.


A mediados del año pasado, una menor de 14 años fue violada en una fiesta privada organizada por alumnos de un colegio privado en el Club Los Tilos, de La Plata. Había 500 personas. El 1 de este año, durante un festejo de Año Nuevo en una “rave”, alentada por privados, en una quinta de Melchor Romero falleció Yésica Emilia Uscamayta Curí. Dicen que la cifra de asistentes llegó a 5000 esa noche. Más recientemente, hace poco más de un mes, hubo 106 detenidos y policías heridos en una pelea entre bandas en el marco de una fiesta masiva, también en La Plata y sin control. Más de 300 personas. Todas fueron alentadas por Facebook, todas se produjeron sin ningún tipo de control del Estado.

El resultado está a la vista y se evidenció el martes por la noche, cuando un festejo en vísperas del Día de la Primavera dejó otro chico muerto, Nicolás Rivero (20). Esta vez, fue “Proyecto XXX”, una celebración que también se auspicia por las redes sociales, inspirada en una película británica, y que ya había generado descalabros en Córdoba y Pilar. Cambia el escenario, pero no la metodología: se organizan mega fiestas donde todo vale, incluso llevar armas, al menos así quedó evidenciado durante la balacera que puso fin a la vida de otro joven.

En diálogo con Info Región, Oscar Castelucci, titular de la Asociación Civil Martín Castellucci, el joven que hace diez años fallecía en manos de un patovica de un boliche de Lanús, advierte que se ha llegado a esta situación “por la propia ausencia del Estado”. “El Estado perdió presencia siendo parte del negocio, avalando lo clandestino. Y hoy se encuentra con una realidad que no puede controlar”, señaló.

Gerardo Jara, que forma parte de la Cámara que agrupa a los dueños de bares y confiterías de la Provincia, advierte a este medio que la situación se encontraba controlada gracias al trabajo del Registro Único de Bebidas Alcohólicas (REBA), que dependía del ministerio de Salud provincial, la policía bonaerense y los municipios. No obstante, en marzo el ente cambió de órbita y pasó a depender de Seguridad.

Hace unos años prácticamente no hacía falta intervenir porque el REBA hacia un trabajo muy puntilloso. Ellos tenían un equipo de investigación funcionando las 24 horas, que perseguía este tipo de cosas. Cuando detectaban algo, actuaban en consecuencia. Hoy por hoy, que pasó al Ministerio de Seguridad no está articulado de esta manera, lo que no quiere decir que no vaya a ser así en lo sucesivo, porque recién está en funciones desde hace poco”, advierte el empresario, que hasta hace dos años y medio presidía la Cámara de confiterías y boliches de Lomas de Zamora, hoy desarticulada.

De esta manera, la actividad se desarrolla sin control. Porque si bien el REBA siguió con los controles respecto de la venta de alcohol a menores en bares, confiterías y boliches, desde el cambio de gestión no ha vuelto a las tareas preventivas, donde se detectaba la organización de este tipo de fiestas privadas y eventos en las redes sociales.

“Estamos trabajando muchísimo y estamos en contacto con las nuevas autoridades del REBA. Hay lineamientos que han quedado desde la gestión anterior en materia de planificación y estudio de la problemática. Esta gestión nueva ya se acercó a la Cámara y hemos empezado a tener diálogo sobre la problemática”, señala Jara y advierte: “Creo que se han dado cuenta de que esto trae aparejadas muchísimas consecuencias más allá de lo comercial, tanto a la órbita municipal y la Provincia. Porque cuando pasa algo así, el rótulo les cabe a todos, a quien no controló, a quien sí, quién fue partícipe”.

Una problemática difícil de abordar. Luego de la tragedia en la fiesta electrónica Time Warp de Costa Salguero, donde en abril fallecieron cinco chicos intoxicados, un fallo judicial buscó prohibir, en el ámbito de la Ciudad, todos los bailes nocturnos aludiendo que los controles que realizaba el gobierno porteño a los establecimientos eran "arbitrarios e ilegítimos". También la Gobernadora María Eugenia Vidal lo sugirió en la Provincia. Pero ¿es esta la verdadera solución?

“Clandestinizar las fiestas nocturnas no es la solución”, advertía por entonces a Info Región Castellucci, haciendo una lamentable proyección de lo que sucede por estos días. Porque prohibir no soluciona, alienta. Y si los controles y la prevención por parte del Estado no son eficientes, el camino de la clandestinidad es vía libre.

“La clandestinización se abre paso frente a un Estado que ya no cumple su función. Lo de Moreno muestra que lo que viene pasando el último año llega al paroxismo. Los organizadores son pibes de 16 ó 18 años”, destaca el papá de Martín. Él sabe de lo que habla. Desde la muerte de su hijo ha peleado para domar el monstruo de la noche que, a su entender, siempre ha sido clandestino con motivo de “la connivencia del Estado”.

“La noche siempre ha sido clandestina porque funciona por fuera del control del Estado, aun en los propios boliches, por las coimas, la connivencia, el arreglo con las comisarias locales, con los municipios, lo que fue llevando a un descontrol y a un Estado presente/ ausente”, reflexiona.

Según su visión, las fiestas clandestinas, auspiciadas en espacios privados, fueron alentadas por los propios empresarios de la noche. “Es algo que empezaron los propios dueños de los boliches, obviamente no todos. Eso sucedió en el caso de Uscamayta Curí, donde claramente los que organizaban eran tipos vinculados a los boliches, que lo hacen porque les resulta más rentable desde el punto de vista económico y porque les quita hasta la mínima posibilidad de control”, indica.

Y señala: “Después ellos mismos se arrepintieron y hay una movida de los propios dueños de los boliches contra las fiestas clandestinas porque, como en la película de Disney, crearon un aprendiz de brujo y ahora no lo pueden controlar”.

En Lomas de Zamora, Jara advierte que la Cámara de Boliches y Confiterías ha quedado desarticulada porque “los controles del REBA eran suficientes” y porque en el distrito disminuyó el número de locales de este tipo. No obstante, asegura que cada local y comercio aporta desde lo particular ante la sospecha de un caso como estos. “Desde hace dos años se hace de manera particular. Cada comerciante desde su órbita”, asegura e insiste en que la Cámara provincial quiere erradicar la problemática.

Castellucci, en tanto, señala que en el Estado “en el último tiempo hay simplemente discursos y no recursos”. “Aunque ahora ni siquiera lo primero. Los discursos son posteriores, después de que pasan las cosas. El tema es que esto exige un replanteo serio, un trabajo complejo, porque a medida que el tiempo pasa, esto se va institucionalizando en la clandestinidad”.

“No eran cinco pibes nomás los que organizaban (en el caso de Moreno), había gente que venía en micros. Acá hay un sistema que funciona alentado por el Estado, que independiente del signo político que tenga, no toma esto como un tema a tratar”, denuncia.

Cintia Vespasiani


* Nota correspondiente a la publicación del día 23 de Septiembre de 2016




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