Un dÃa me llama Diego, mientras estaba concentrado con Tristán, y me dice: “Tanque, mañana voy a desayunar con vos”. No lo podÃa creer, pero era él. Aunque, después pensé “¿qué se va acordar El Diego de venir al predio de Suárez un domingo a las nueve de la mañana?”.
Al dÃa siguiente yo estaba acostado todavÃa y abre la puerta de mi habitación Maradona y me dice: “¡Tanque hijo de puta! Me estabas esperando, ¿no?”.
Si habia algo que me faltaba en la vida era conocerlo porque para un jugador de fútbol es Dios. Tuve la suerte de comer un asado con él, de jugar un fulbito, fue increÃble. Y el tipo no se olvida porque cuando quedamos eliminados ante All Boys (en las semifinales del Reducido) fue el primero que me llamó para darme fuerzas. Me dijo que “estas cosas pasan en el fútbol” y que no colgara los botines porque eso era de cobardes. “Si realmente te la bancás tenés que salir adelante”, me dijo.
Por eso, siempre digo que asà como hay muchos que le rezan todos los dÃas al de arriba, yo tuve la suerte de conocerlo en persona.