Una fiesta del club Banfield pensada para durar toda la madrugada terminó anoche abruptamente en medio de un principio de incendio que por unos instantes trajo ante los asistentes el recuerdo de las grandes tragedias producidas en boliches bailables. Afortunadamente no hubo heridos, y el intendente Martín Insaurralde pudo ser evacuado rápidamente por su personal de seguridad, mientras los asistentes se agolpaban en la puerta principal intentando salir rápidamente del lugar.
La despedida del año había sido organizada por las agrupaciones Lencho Sola, que conduce Pichín Insaurralde; El Taladro, de Marcelo Martínez; y Unidos por Banfield, de Pablo Portell, y se llevó a cabo en Auditorio Sur de Temperley, para celebrar también, obviamente, el campeonato recientemente obtenido por el club.
Poco más de 700 personas afortunadamente mucho menos de las 2000 que habían anunciado los organizadores ya que esa cantidad hubiese dificultado la evacuación- asistían cerca de las 23 a la apertura oficial de la cena, que abrió con las palabras del ex jugador devenido en conductor televisivo Diego Díaz.
El dato llamativo del encuentro a esa altura de la noche fue el excesivo calor que hacía en el lugar. Con una noche pesada y húmeda, y sin aire acondicionado, el salón se convirtió en un baño turco. Caras enrojecidas, cabellera mojada y ropa adherida al cuerpo era el aspecto característico de los asistentes.
En ese marco propio de la popular en enero a las dos de la tarde más que de una cena de dirigentes y funcionarios municipales, se escucharon primero las palabras, breves por cierto, de Carlos Portell, presidente de la institución, luego fue el turno de Insaurralde, y finalmente el Pupi Zanetti, que eludió cualquier respuesta concreta a la posibilidad de jugar las libertadores para el Taladro.
El vip, en tanto, albergaba a buena parte del gobierno municipal, incluido el Intendente, y a los miembros de la comisión directiva que provienen de las listas que organizaban la reunión.
Media hora después del inicio, justo cuando comenzaba un número musical se escuchó una pequeña explosión, se cortó la música y se apagaron las luces del luegar, mientras un olor a quemado invadió el salón.
No hubo que esperar demasiado para que una desordenada evacuación diera comienzo, y cierto amontonamiento en la salida aportara nerviosismo entre los asustados comensales que intentaban huir más de los fantasmas de Cromañón que de una situación de peligro real, que hasta el momento no se había presentado.
No aportó tranquilidad, por cierto, la salida apurada del Intendente, llevado en andas por su custodia personal, que consiguió a la fuerza prioridad en la evacuación.
Mujeres, chicos pequeños, y hasta bebés le aportaron cierto dramatismo al momento, sobre todo en la primera etapa de la evacuación, cuando el personal del seguridad del boliche se negaba a abrir las puertas de ingreso para que funcionaran también como canal de egreso del salón.
Afuera, la presencia de los bomberos voluntarios de Banfield y de personal de defensa civil de la municipalidad le sumaron al cuadro elementos que ratificaron la sensación del peligro vivido y volvieron a abrir interrogantes sobre las condiciones de seguridad de este tipo de establecimientos, sumado esto a la paradoja de que el propio Intendente, responsable final de la seguridad pública en este tipo de lugares, estaba dentro mismo de lo que algunos temieron llegara a convertirse en una trampa.