Las tomas y ocupaciones de tierras o inmuebles no son hechos nuevos. Cuando la gente no tiene dónde vivir es lógico que busque un pedazo de tierra o un techo, por más precario que sea, donde cobijarse.
Qué es lo que hace entonces que hoy las tomas sean tan preocupantes.
En principio se podrÃa decir que llama la atención su abundancia y reiteración. Los hechos ocurridos recientemente en el Parque Indoamericano y en barracas, que alcanzaron una gran repercusión en los medios, son sólo la punta del iceberg. En la mayorÃa de los distritos del Conurbano y en los grandes centros poblados (La Plata, Mar del Plata, BahÃa Blanca, Córdoba, Rosario) las tomas son abundantes y podrÃa decirse que no pasa una semana sin que ocurra alguna.
Pero además de que cada vez hay más ocupaciones, es claro que movilizan a cada vez más personas. Las tomas se transforman asà en verdaderos asentamientos en los que familias enteras buscan encontrar el techo que se les niega en otra parte.
Pero a la reiteración y al número de personas que moviliza se le suma la actividad francamente delictiva de los vivillos que, empujados por intenciones polÃticas o meramente económicas, usan la necesidad de los desvalidos para medrar. De esta manera la extorsión está a la orden del dÃa. Extorsión para la gente que ocupa, porque si no paga no hay terreno. Y extorsión para las autoridades, a quienes le instalan la “bomba de tiempo” y deben hacerse cargo de encontrar una solución a un problema que claramente los desborda.
Cómo hemos llegado a esta situación mientras el paÃs crece a tasas chinas (la presidenta acaba de informar que la economÃa creció por arriba del 9% en 2010). Cómo es posible que tengamos esos excelentes números macroeconómicos y todavÃa tengamos gente en la miseria más absoluta.
Está claro que crecer es necesario, pero no es suficiente. Más allá de la enorme baterÃa de recursos en planes sociales que utiliza o dice utilizar el Gobierno nacional, alcanzar mayores niveles de equidad sigue siendo una meta inalcanzable para la Argentina.
En este marco, la inflación –negada hasta el ridÃculo por Moreno, Boudou y la propia presidenta- no deja de perforar el bolsillo de la gente, especialmente de aquellos que menos tienen y destinan los magros ingresos que reciben a proveerse de alimentos y ropa.
Las tomas de tierras ponen en evidencia las peores falencias de una forma de gobernar que ha hecho de la excepción la regla, que aplica la ley de acuerdo a sus intereses, y que lejos de desarrollar una verdadera polÃtica social prefirió multiplicar planes de ayuda que cristalizan el clientelismo y la indigencia.
Si alguien cercano al gobierno toma una comisarÃa y no pasa nada. Si altos ex funcionarios están procesados por corrupción y caminan libres como si nada mientras se pone preso a un dirigente opositor sólo por sospechas. Si desde el Estado no hay respuestas serias a la falta de viviendas y no existe polÃtica alguna para promover la ocupación territorial. ¿Si sucede todo esto, por qué le vamos a pedir a los que tienen una necesidad concreta, a los que no tienen un techo, que actúen con racionalidad y apegados a las leyes?.
Frente a las tomas no hay respuestas ni de los gobierno nacional ni provincial. Todos mira para otro lado, inclusive los intendentes. Entonces quedan pobres contra pobres. Los ocupantes con los vecinos que ven literalmente invadido el barrio. Y otra vez la ausencia de la ley y el imperio del sálvese quien pueda, el todo vale.
Si en verdad el Gobierno quiere encontrar un principio de solución tendrá que cambiar muchas cosas. Lo primero es convencerse que la ley está para ser cumplida y que la sociedad no se cambia con clientelismo ni dádivas, sino con planes sociales serios y realizables. Mientras tanto, como en tantas otras cosas, habrá que esperar cuando nos toca la próxima ocupación.