Carlos Gardellini, guitarrista de la leyenda


Carlos Gardellini nació en 1964 en Lanús, pero su infancia transcurrió también en las calles de la localidad de Banfield. La guitarra le llegó casi por una herencia inesperada: su hermana descartó el instrumento que le habían regalado, sin jamás haber intentando tocarlo. Carlos empezó entonces a jugar con la viola, inspirado por la Joven Guardia, Palito Ortega y Sandro, entre otros íconos de los años 60 y 70. A los nueve años empezó a tomar clases con Juan Carlos López Moreno, guitarrista de Antonio Tormo, con quien de inmediato comenzó a canalizar su talento natural, bajo la influencia del folclore y el tango.

Luego formó su propia escuela de música, que incluía sala de ensayo y de grabación. Hasta ahí llegó Rubén Basoalto, baterista histórico de Vox Dei (fallecido en noviembre de 2010), que se acercó para ofrecerse como profesor. Entre zapada y zapada, Rubén le propuso sumarse a Vox Dei, y tomar el lugar de Ricardo Soulé. Siguió en la banda hasta una breve pausa (1996 y 1998), en la que se ocupó de formar su propio proyecto, “Lucille”, con el que aún toca. Por estos días forma parte, junto a Willy Quiroga y Simón Quiroga, de la actual formación de Vox Dei, que cumple 45 años de trayectoria, la más antigua del rock nacional. Desde sus comienzos grabó “Sin darle ya más vueltas” (1994), “El Camino” (2005) y “Vox Dei en Vivo” (2007).

En esta entrevista realizada en la previa al show brindado el sábado en “El Viejo Varieté” (Maipú 540, Banfield) Carlos habla de la infancia en el barrio de zona sur, su tarea como docente y el sueño del pibe hecho realidad: ser la guitarra de la leyenda más importante del rock, aquella que en los 60 deslumbraba a miles de jóvenes.

-¿Qué recordás de tu infancia?

-Fue en un barrio de Lanús, a diez cuadras de la calle Maipú, en el límite con Banfield. Me quedaba más cerca venir a una plaza en esta localidad, pero también hice el secundario en Lanús, así que fue compartida entre los dos barrios. Tuve una infancia normal, de clase media, mi viejo era un laburante común, sin demasiados problemas. Después los problemas se los busca uno cuando empieza con el rock and roll (risas). Fue una de las etapas más lindas de mi vida. De muy chico empecé a fantasear con los discos de la Joven Guardia, de los grupos de ese momento, por ejemplo Palito Ortega o Sandro. Así empecé a ver esa guitarra y me llamó la atención y la empecé a agarrar para ir jugando. El descubrimiento definitivo viene por una prima concertista que me escuchó tocar a los once años, inesperadamente, y le dijo a mi mamá que tenía oído porque tocaba sucesiones de notas que tenían que ver una con la otra. Ahí me mandaron a estudiar.

-¿Cómo fue el estudio formal de guitarra?

-Los primeros estudios son los que más te marcan, lo digo como docente también; si tenés un maestro que te enseña bien vas a tocar el instrumento, si tenés un maestro que no te enseña bien lo más probable es que odies el instrumento. Di clases durante 15, 16 años y me preocupaba porque a la gente no le pasara eso. Yo tuve la suerte de estudiar con Juan Carlos López Moreno, que era guitarrista de Antonio Tormo, o sea que mi raíz como instrumentista viene del tango y del folclore, a la segunda clase estaba cantando una zamba que se llama “Yo tengo unos ojos negros”. Poder haber aprendido tres acordes en una semana y cantar una canción fue algo increíble para mí. Luego estuve mucho tiempo manejándome solo con esos conocimientos que había aprendido hasta que empecé a trabajar de músico. Tenía a mi maestro que fue el Rocco Montesano, fue el que me intelectualizó, y a partir de él aparecieron las influencias, los discos y todo lo que marca la personalidad de un guitarrista.

-Llegaste a Vox Dei en 1992. ¿Cómo fue esa incursión?

-Yo daba clases, era uno de los dueños de una escuela de música, sala de ensayo y estudio de grabación, pero cuando el negocio recién empezaba se acercó Rubén Basoalto para ofrecerse como docente, pero ya teníamos un profesor. Entonces eso pasó y nos perdimos el honor de tenerlo, pero tenía que respetar al compañero. Sin embargo luego volvió Rubén y ya había lugar para él. Zapando en la sala de ensayo, como siempre, un día le dije que quería tocar “Azúcar amargo” con ellos algún día, le insistí mucho. Llegó el momento en 1992, cuando me preguntó: ´¿Maestro quiere venir a tocar ´Azúcar amargo´ con nosotros?´, le contesté que sí y enseguida me dijo: ´Bueno, de ahora en más va a tocar todos los temas´.

-La banda tiene más de cuarenta años de trayectoria. ¿Por qué considerás que no pierde vigencia?

-Es un grupo que ha superado sus distintas versiones y etapas de composición. Es una banda que ensaya dos o tres veces por semana, eso tiene mucho que ver. Como dice Willy Quiroga, no nos quedamos a admirar nuestros viejos laureles, sino que nos preocupamos por producir más. Por eso Vox Dei sigue vigente.

-¿Qué proyectos tienen para este año?

-Tenemos que grabar un álbum, mezclar La Biblia, que la tenemos grabada en el Teatro San Martín en audio y video, con casi ochenta personas en escena. Además, como siempre, seguir tocando desde Salta a Tierra del Fuego, estamos todo el tiempo entrando y saliendo de las provincias, todo el año arriba de un avión