De Vicenzo: el nombre del golf


Yo tuve muchos rivales en mi vida, algunos me vencieron y a otros los vencí; pero el que verdaderamente me ganó y me sacó de carrera fue el tiempo”, reconoce con resignación y grandeza Roberto De Vicenzo, el golfista más grande que ha dado Argentina.

Cerca de sesenta años como profesional le bastaron para ganar más de 240 torneos, el doble de amigos y, aunque el mismo lo niegue, vencer al tiempo, porque su cuerpo no tendrá el mismo swing ni el timing de hace cuarenta años, pero su nombre y sus hazañas perdurarán inmortalizadas a lo largo el tiempo.

Además, representó al país en 17 Copas del Mundo y ganó abiertos nacionales en Bélgica, Brasil, Chile, Colombia, Holanda, Francia, Alemania, Jamaica, México, Panamá, Perú, España, Uruguay y Argentina. Al respecto, el ensayista norteamericano Jack Whitaker escribió una vez que “si el golf fuese como la guerra Roberto hubiera conquistado más países que Alejandro el Grande”.

Quizá el punto más alto de su exitosa carrera haya sido en 1967 cuando en Hoylake (Gran Bretaña) logró aguantar durante todo un día los embates de dos de los más grandes golfistas de la historia mundial, Jack Nicklaus y Gary Player, y se convirtió, con 44 años, en el ganador más viejo del Abierto Británico.

De Vicenzo se profesionalizó en 1938, a los quince años, y obtuvo su primer “Abierto de la República” seis años después. A partir de allí, comenzó una exitosa carrera profesional que terminó en 1996.

Desde el Club House del Country San Eliseo puede contemplarse, fuera y bajo el fuerte sol de febrero, al tan anhelado Hoyo 18 con el que finaliza la “Copa Roberto De Vicenzo” y el perfecto césped de las cuidadas 60 hectáreas que constituyen una de las canchas de golf más grandes y modernas del país.

Allí, sentado en un cómodo sillón, el gran golfista de 82 años concedió a Info Región una extensa entrevista en la que, sin privarse del humor, habló con la autoridad que le da su participación sobre el green de circuitos de más de 110 países.

¿Cuándo empezó a tener sus primeros contactos con el golf Roberto?

Fue cuando era muy niñito, vivía muy cerca de la cancha del club Deportivo Central Argentino en Miguelete, y como todos mis hermanos habían sido o eran caddies ni bien pude serlo yo también me convertí en caddie. Y bueno, a los quince años comencé a jugar y no paré hasta los 73.

¿Cómo nació un amor tan grande por un deporte que en esos momentos era tan poco popular?

Cuando yo empecé como caddie, haya por mis 10 años, algunos de mis hermanos mayores ya eran profesionales y me empezaron a hacer conocer el juego, a mostrarme las cosas lindas que tenía. Además, también había por detrás un aspecto práctico: en mi casa muchas veces faltaba para comer, entonces yo me las rebuscaba para ganar algunas monedas más sacando las pelotas de la laguna del club. Así le fui tomando el gusto al golf y cuando mamá me mandaba de compras, iba por las calles de tierra pegándole a las piedras con un palito”.

¿Qué balance hace de su carrera? ¿Hay algo que le haya quedado pendiente?

No, no me puedo quejar, gané más de 230 torneos y tuve la posibilidad de vivir del deporte toda mi vida. Además, competí durante cuatro generaciones contra los más grandes golfistas del mundo. Me enfrenté a rivales como Henry Cotton, Jack Nicklaus, Gary Player, Arnold Palmer, Phil Mickleson, Severiano Ballesteros y Ben Hogan. Competí contra todos ellos en primera línea hasta que el tiempo me venció, me han vencido ellos en algunas oportunidades y yo a ellos en otras, pero el que me venció de verdad fue el tiempo. ¿Cosas pendientes? Como a todos siempre a uno le quedan deudas, el hombre es egoísta por naturaleza y siempre quiere ganar todo.

Usted dice que el tiempo lo ha vencido, sin embargo, a los 82 años sigue dando clases y jugando casi todos los días de la semana...

Sí porque todavía tengo sensaciones agradables con el juego (interrumpe de pronto) que aparecen y desaparecen, por eso es que todavía juego aunque no me pueda mover y no tenga más el swing ni la elasticidad de antes. Aún me defiendo, y si el tiempo se hubiese mantenido quizá todavía estaría peleando.

¿Cuánto tiempo puede soportar sin calzarse los guantes, agarrar el palo y salir para el green?

Uhmm....no sé, es muy difícil poder dejar de jugar porque siempre que estés cerca de una cancha de golf vas a querer ir a pegar algunos golpes, ya es una costumbre, un hábito, una necesidad. Es como la hora de comer: podés estar un día sin hacerlo, pero llega un momento en el que lo tenés que hacer para poder seguir viviendo.

A los 82 años, el golfista más grande que ha dado Argentina (y todo América), se muestra y sigue definiendo a sí mismo como un simple golfista más, como “un hombre que ha podido ganarse el pan de cada día jugando al golf”. No quiere aparentar, pero, al mismo tiempo, confirma con su conducta lo que realmente es: un grande.

Con una lucidez realmente envidiable para cualquier persona de su edad, posa para los fotógrafos y bromea con la humildad que no tienen todos los deportistas, pero sí los verdaderos hombres. “Los periodistas, los periodistas”, se queja al ‘tener que hacer siempre las mismas poses’.

“Che, sáquenme fotos en las que salga lindo y no se me vean estas zapatillas que parecen de tenis”, ordena al fotógrafo mientras guiña un ojo a una colaboradora.

En el Country San Eliseo (ubicado en la ruta 52/58 km 18, San Vicente), De Vicenzo asegura sentirse como en su casa. Allí mismo, el año pasado se disputó en su honor la “Copa Roberto De Vicenzo”, que en noviembre tendrá su segunda edición.

Usted se ha convertido en la cara ‘golfística’ del San Eliseo, ¿cuándo y cómo fue que nació esa relación?

Fue hace cinco años cuando se hizo la cancha. Al principio estuve colaborando en la construcción y ahora vengo dos o tres veces a la semana porque me gusta el sistema que tienen en todo el complejo y porque entablé una linda relación.

¿Ve a este emprendimiento como una forma de hacer crecer y darle más difusión al golf de la región?

Sí, yo creo que en general el deporte a crecido no sólo en la región sino en Argentina y el mundo. En cuanto al movimiento en el Sur, yo creo que va seguir creciendo porque se ha incrementado el interés y el entusiasmo en la gente.

Convengamos que el entusiasmo de la gente es importante en muchos deportes, pero en el caso del golf ¿alcanza sólo con eso para poder practicarlo?

Evidentemente el golf, así como tampoco el polo, no han sido deportes iluminados por la popularidad, son deportes a los que les cuesta más que a otros el mantenimiento de la cancha y los costos, pero también es verdad que hay mucha gente que no tiene un poder adquisitivo grande y sin embargo juega al golf.

¿Qué se necesita para llegar a ser un De Vicenzo y vivir por y para el golf?

Yo trabajé toda mi vida, me pasé 12 horas en la cancha de golf y lo sigo haciendo. Pensaba que a los cincuenta años me iba a retirar y aquí estoy.

En el golf, como en cualquier otra profesión, no te alcanza con tener sólo cualidades o ganas, tenés que explotar cualidades innatas.

Cualidades que usted siempre tuvo y lo llevaron a ser el mejor de mundo ¿no?

Nunca fui el mejor, pero tampoco fui el peor (estalla en carcajadas) estuve entre los mejores, pero nunca me trataron como el mejor del mundo. Como dice el tango: ‘la vida es así’



Juan Bautista Vega