“Nuestro país también sangra”, advirtió el arzobispo de Buenos Aires en el Tedeum del 25 de Mayo. Jorge García Cuerva habló de las personas en situación de calle, de la discapacidad y los jubilados.
“Tantos hermanos que sufren la marginalidad y la exclusión, tantos adolescentes y jóvenes víctimas del narcotráfico que, en algunos barrios, es un Estado paralelo. Tantas personas que están en situación de calle, tantas familias que sufren las inundaciones, las personas con discapacidad. Tantas madres que ya no saben qué hacer y cómo evitar que sus hijos caigan en las drogas y las garras del juego. Y los jubilados que merecen una vida digna con acceso a los remedios y a la alimentación. Herida esta que sigue abierta y sangra hace años, pero que como sociedad tenemos que curarla pronto”, resaltó.
El mensaje fue duro, como dura es la realidad de los sectores más desprotegidos en el marco de un gobierno que hace gala de la agresión, el destrato y el insulto. Los argentinos no nos merecemos dirigentes odiadores, groseros, irrespetuosos e intolerantes, capaces de negar un saludo o insultar sin pudores. Nada bueno se construye con esas acciones que no son solo formas, sino que representan el fondo de un pensamiento y un obrar oscuro y tóxico frente al prójimo.