UNLZ: Dolor por la muerte de una histórica militante estudiantil de Sociales

Docente comprometida con actividad gremial, dejó también un recuerdo indeleble en sus compañeros de militancia estudiantil universitaria.

“La Negra” era Mónica, Mónica Cristina Fernández, pero el nombre, se sabe, apenas designa. Evocarla requiere una compleja tarea de elegir palabras que puedan contener los múltiples recuerdos y emociones que ella supo generar a lo largo de su vida.

“Mamá”, “militante”, “amiga”, “compañera”, elige cada testigo de su vida, según recibe el encargo de recordarla. Tenía 67 años, vivió en Luis Guillón toda su vida, y compartía el hogar con Luciana, su hija, que la acompañó hasta el final.

Docente comprometida con actividad gremial, dejó también un recuerdo indeleble en sus compañeros de militancia estudiantil universitaria, aquella que tuvo la particularidad histórica de estar cargada de la mística y el optimismo que acompañó a los que se comprometieron políticamente durante la agonía de la Dictadura y el nacimiento de la Democracia.

En el momento más intenso de su compromiso estudiantil, “la Negra” llegó a ocupar la estratégica Secretaría de Organización de la Juventud Universitaria Intransigente, “el segundo cuadro en importancia en la organización”, explica un compañero de esos años.

Promediaba la década de los ochenta y la organización política que lideraba el veterano ex gobernador Oscar Alende se consolidaba como tercera fuerza política nacional bajo el impulso de una corriente juvenil integrada tanto por ex integrantes de organizaciones políticas de izquierda desarticuladas durante la Dictadura como de militantes peronistas desencantados con un Partido Justicialista controlado por sindicatos y sectores internos que habían enfrentado a la izquierda peronista.

“Ella fue una expresión acabada de los últimos exponentes del militantismo de los setenta”, evoca uno de sus más antiguos compañeros, recordando que Mónica tenía antecedentes de su compromiso político anteriores incluso al Golpe de Estado de 1976.

“En el tránsito del Mentruyt al Nacional de Adrogué (una de las sedes provisoria de la UNLZ antes de contar con edificios propios) ella fue protagonista de la transformación del Movimiento Universtiario Intransigente en la JUI, que coordinaba con el grupo de Capital, con Marcelo Vesentini, entre otros. Allí el responsable político era Alejandro Agrofoglio y Mónica Fernández era, junto con Rubén García, Rubén Lucero, Viviana Salas y otros militantes de base, los que articulaban con la corriente más dinámica del PI en Lomas de Zamora, que eran el Chino Navarro y Alfredo Fernández, entre otros”, rememora un testigo de esos años.

Para quienes la vieron militar en la universidad desde el comienzo, Mónica “era expresión de la articulación de la militancia de los setenta con la Juventud Universitaria Intransigente de la recuperación democrática”.

“Fue ese cuadro articulador de las diversidades de las posibilidades de cada uno de los militantes”, destacan sus amigos, que la recuerdan como una joven medida, callada, muy prudente, pero que con su ejemplo “arrastraba a la acción”. Ya entre 1982 y 1984, junto a Héctor Corti, integró la Comision de Recuperación del Centro de Estudiantes de Sociales (CoReCeSo)

Su paso por la Facultad de Ciencias Sociales de la UNLZ en un momento de gran actividad política le valió un amplio reconocimiento de militantes y amigos más jóvenes que fueron ingresando a la institución en el inicio de la Democracia, la tuvieron como referente política, y aún hoy recuerdan su compromiso y entrega.

“Los que ingresábamos en 1984, con la apertura democrática, teníamos abierto el camino de acceso irrestricto -pese a haber dado un examen que finalmente no tuvieron en cuenta- por todo el movimiento reivindicativo de quienes formaban parte del centro de estudiantes, especialmente de Mónica, como referente principal del espacio MUI (Movimiento Universitario Intransigente)”, recrea uno de los jóvenes de aquellos años.

Además, recuerda, estuvo presente en todas las movilizaciones que reivindicaban derechos colectivos, como promotora y partícipe de las convocatorias. Como periodista también aportó su esfuerzo a la Biblioteca Autónoma de Periodismo (BAP) y tuvo participación en la formación de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires.

En Sociales de la UNLZ, obtuvo el título de licenciada en Periodismo, y nunca dejó de lado su compromiso político y social. Con los años se dedicó a la docencia, fundamentalmente en el nivel medio, desde donde tomó contacto con el SUTEBA, gremio al que se sumó con el mismo compromiso de los primeros años. Tanto, que fue delegada gremial hasta 2020.

“Muy inteligente, analítica, comprometida y divertida”, elije Luciana para recordar a su mamá y destaca que “le gustaba muchísimo ayudar a cualquiera que lo necesitara”.

Mónica defendió sus ideales en cada aula en la que le tocó estar, ya sea como estudiante o como docente, marchó, militó, condujo y participó de proyectos como ‘Jóvenes y memoria’ con sus estudiantes y otros colegas. Pero, sobre todo, recuerdan, “amaba todo lo que hacía”.

Su cuerpo no pudo más con una batalla desigual que la tuvo a mal traer. Falleció este sábado por la mañana, pero su legado y su recuerdo permanecen imborrables en quienes la conocieron.