El mercado cambiario registró una jornada de fuerte tensión después de que el tipo de cambio mayorista cerró en $1.474,50, por encima del límite superior de la banda de flotación. La ruptura del techo activó por primera vez el mecanismo de respuesta previsto en el régimen y desplazó el foco hacia la capacidad oficial de moderar la volatilidad. Operadores y empresas aceleraron coberturas, mientras la señal de precios reorganizó la demanda en los distintos segmentos. La rueda mostró menor profundidad y spreads más amplios que lo habitual.
La novedad principal fue que el Banco Central (BCRA) intervino por primera vez desde que rigió el sistema de bandas. La autoridad monetaria vendió 53 millones de dólares en el mercado de contado para abastecer la demanda y restablecer referencias. Esa acción se combinó con una presencia activa en el mercado de futuros, con el objetivo de anclar expectativas y contener la curva de devaluación implícita. La decisión buscó frenar la dinámica que empujó al mayorista por encima del techo.
La señal oficial dejó una marca en la operatoria. Varias entidades ajustaron posiciones y recalibraron precios de referencia hacia el cierre. La intervención simultánea en contado y futuros priorizó los vencimientos cortos, donde la presión se había concentrado con mayor intensidad. La lectura del día giró en torno a la disponibilidad de divisas y al alcance del arsenal para sostener el corredor cambiario.
La primera vez del BCRA: qué significó y por qué importó
“La primera vez del BCRA: ¿Qué significa y por qué es importante?” se instaló como eje del análisis de la jornada. El hecho de que el Banco Central intervino en el mercado de cambios por primera vez desde la implementación del sistema de bandas de flotación constituyó un hito por varias razones que ordenaron la discusión.
Puso a prueba el esquema actual. El sistema de bandas de flotación estableció un “piso” y un “techo” para el precio del dólar. La lógica fue que, mientras la cotización se movió dentro de esos límites, el BCRA no actuó; si tocó alguno de los extremos, la entidad quedó habilitada para comprar o vender divisas. En esta rueda, el dólar alcanzó el techo, lo que activó por primera vez el mecanismo de venta de dólares y puso a prueba la efectividad y la credibilidad del diseño.
Envío de señales al mercado. La intervención transmitió varios mensajes.
- Compromiso con el sistema. Al vender dólares para bajar el precio, el Banco Central demostró que estuvo dispuesto a cumplir las reglas que había establecido y a defender el techo de la banda.
- Preocupación por la inflación. Un dólar más alto presionó sobre precios y aceleró la inflación; al intervenir, la autoridad procuró frenar esa dinámica y evitar un traslado más veloz.
El costo: las reservas. Para intervenir, el BCRA utilizó reservas internacionales. La venta de US$53 millones en un solo día representó una cifra relevante y reavivó las dudas centrales del mercado:
- ¿Cuántas reservas se necesitaron? La gran pregunta fue cuántas divisas debió “quemar” el Banco Central para mantener el dólar a raya en un contexto de escasez.
- Sostenibilidad a largo plazo. Si la presión compradora persistió, la capacidad de intervenir dependió del nivel de reservas, lo que abrió interrogantes sobre la sustentabilidad del esquema a mediano y largo plazo.
Otras cotizaciones y brechas
La tensión también se reflejó en los paralelos y financieros. En la plaza informal, el dólar blue se acercó a $1.500, con demanda sostenida. En los financieros, el contado con liquidación (CCL) se ubicó en $1.492,30, mientras que el dólar MEP alcanzó $1.481,37. En el segmento digital, el dólar cripto se vendió a $1.508,78, con operaciones fuera del horario bancario.
El mapa de precios dejó brechas elevadas y una convergencia parcial hacia la zona de $1.490–$1.510. El mayorista en $1.474,50 quedó apenas por debajo de esas referencias, lo que complicó estrategias de cobertura para importadores y empresas con necesidades inmediatas de divisas. La cercanía entre el informal y los financieros reforzó la búsqueda de protección frente a movimientos del oficial. En ese contexto, la intervención del BCRA funcionó como señal, pero no disipó por completo la presión.
La jornada cerró con un mercado sensible a novedades regulatorias y a flujos puntuales de oferta. La atención se concentró en la liquidación privada y en la posibilidad de nuevas ventas oficiales si el mayorista volvió a rozar el techo. Con el antecedente de la primera intervención desde las bandas, el desempeño de las próximas ruedas quedó atado a la capacidad de sostener el corredor sin un deterioro de expectativas. El equilibrio entre defender el techo y preservar reservas se instaló como el dilema central que ordenó el humor de la plaza.