Desde la llegada de Javier Milei a la presidencia, el salario mínimo vital y móvil sufrió una pérdida de aproximadamente un 32% de su poder de compra real, según datos oficiales. La inflación acumulada en los primeros meses del año superó ampliamente las recomposiciones salariales, afectando principalmente a los sectores de menores ingresos.
Mientras tanto, los recientes ajustes anunciados para el salario mínimo resultaron insuficientes frente a la suba sostenida de precios en alimentos, transporte y servicios. Esto generó un fuerte impacto en los trabajadores informales y en quienes dependen de programas sociales atados a este valor.
Organizaciones sindicales y expertos en economía advierten que la falta de actualización del salario mínimo profundiza la desigualdad social y agrava la crisis de consumo interno. La pérdida del poder adquisitivo, además, golpea a las pequeñas economías regionales que dependen del mercado interno.
A pesar de los reclamos, el Gobierno mantiene su política de ajuste fiscal y apuesta a una recuperación del poder adquisitivo en el mediano plazo, mientras los salarios siguen sin alcanzar a la inflación acumulada