El caso es digno de una película. El 26 de julio de 1984 desapareció Diego Fernández Lima, por entonces un adolescente, y si bien su familia lo buscó durante años, el caso quedó en la nada durante más de cuatro décadas.
Fernández Lima tenía 16 años cuando fue visto por última vez con vida el 26 de julio de 1984 a las 14:00. Se logró constatar con su identidad luego de un análisis de ADN realizado a su madre, 41 años después.
El cuerpo fue enterrado en una fosa pequeña situada en la medianera que divide dos domicilios. El pozo medía 40 centímetros de profundidad, 60 de ancho y 1,20 metros de largo.
Obreros que realizaban excavaciones para efectuar una demolición en el inmueble descubrieron los restos y alertaron a la Policía.
El 20 de mayo pasado, peritos de la Policía Científica de la Ciudad levantaron los rastros y luego se los entregaron en distintos sobres de madera al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).
En ese momento, se recolectaron 151 fragmentos de restos óseos humanos (tibia, peroné, mandíbula, piezas dentales aisladas, entre otros), una llave, un llavero naranja, un pedazo de reloj de marca CASIO, una etiqueta de prenda de vestir, un trozo de tela y un dije con inscripciones en idioma chino o japonés.
Hay un sospechoso
Los dueños del domicilio de la avenida Congreso 3748 tenían un hijo -actualmente de 56 años-, quien que era compañero del damnificado en la Escuela Nacional de Educación Técnica (ENET) N°36, emplazada en la calle Galván 3710, en Saavedra.
De acuerdo a la hipótesis del fiscal, ese dato pasó desapercibido para los familiares y los seres queridos de Fernández Lima a raíz de que el presunto implicado no formaba del entorno de amigos del establecimiento educativo, como así tampoco del club Excursionistas, en el que Diego jugó al fútbol.