Los tatuajes en Argentina dejaron hace tiempo de ser una expresión subterránea o de rebeldía juvenil y se consolidaron como un fenómeno social transversal. Según un nuevo informe privado, 6 de cada 10 argentinos tienen al menos un tatuaje, lo que confirma que la tinta pasó a formar parte de la vida cotidiana, aunque su aceptación todavía encuentra resistencias, especialmente en el mundo del trabajo.
De acuerdo al estudio “Radiografía del Tatuaje en Argentina”, elaborado por el Centro de Investigaciones Sociales (CIS) de la UADE sobre más de 2.000 casos, el fenómeno se expandió con fuerza entre los jóvenes y las mujeres. El relevamiento muestra una brecha de género significativa: ellas tienen en promedio un 50% más de tatuajes que los varones, con una media de tres diseños contra dos.
Además, el informe derriba uno de los mitos más instalados: el arrepentimiento. Apenas el 15% de las personas tatuadas lamenta haberse hecho alguno, mientras que la motivación principal ya no es estética. Solo el 7% se tatúa por una cuestión visual, frente a un 41% que lo hace por razones simbólicas o personales, transformando el cuerpo en un verdadero archivo de experiencias.
Pese a la masividad, los prejuicios no desaparecieron. El 75% de los encuestados identifica al ámbito laboral como el espacio donde las miradas críticas hacia los tatuajes siguen más vigentes. En ese sentido, el estudio marca una división clara entre sectores “amigables”, como Marketing, Tecnología, Diseño y Gastronomía, y rubros más tradicionales, como Derecho, Salud y Finanzas, donde aún se discute la imagen profesional y los códigos de vestimenta.
De cara al futuro, la percepción es mayoritariamente positiva: casi la mitad de los consultados asegura que sentirá orgullo por sus tatuajes dentro de 30 años, reforzando la idea de que la tinta ya no es vista como un error de juventud, sino como una narrativa biográfica permanente dentro de la sociedad argentina.