Trump recibió al presidente de Colombia, Gustavo Petro, en la Casa Blanca y recompusieron una relación marcada por tensiones previas


El presidente de Colombia, Gustavo Petro, mantuvo este martes una reunión bilateral con su par de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca. El encuentro se desarrolló en el Despacho Oval y se extendió por cerca de una hora, en lo que ambas partes describieron como una instancia de diálogo directo tras una relación signada por diferencias ideológicas y tensiones políticas previas.

La cumbre tuvo lugar luego de un período de frialdad y cortocircuitos diplomáticos entre ambos mandatarios. Petro, primer presidente de izquierda en la historia de Colombia, llegó al poder con un discurso crítico hacia las políticas tradicionales de Estados Unidos en la región, en particular en materia de lucha contra las drogas, sanciones internacionales y modelo económico. Del otro lado, Trump había manifestado en distintas oportunidades reparos sobre el rumbo del gobierno colombiano y su cercanía con sectores progresistas de América Latina.

En ese contexto, el encuentro fue leído como un intento de reencauzar el vínculo bilateral. “La reunión se da entre Gobierno y Gobierno, y hablamos de los temas que son”, afirmó Petro tras la cumbre, y definió el eje común del diálogo: “El punto común entre las naciones tiene una palabra: Libertad”.

La delegación colombiana estuvo integrada por la canciller Rosa Villavicencio, el ministro de Defensa, el mayor general retirado Pedro Sánchez, y el embajador en Estados Unidos, Daniel García-Peña. Como gesto previo, ese mismo día a las 4:15 de la mañana Colombia concretó la extradición a Estados Unidos de Andrés Felipe Marín Silva, alias “Pipe Tuluá”, líder de la banda criminal La Inmaculada, un hecho que fue interpretado como una señal política hacia Washington.

Seguridad y narcotráfico, un eje sensible

Uno de los puntos centrales fue la lucha contra el narcotráfico, un tema históricamente conflictivo entre ambos países. Petro volvió a cuestionar el enfoque clásico de la “guerra contra las drogas”, pero planteó una ofensiva frontal contra las organizaciones armadas. “Hay que colocar el Ejército de Colombia y Venezuela de tal manera que quienes, arrodillados al narcotráfico, sean derrotados”, sostuvo, en referencia al ELN y a las mafias que operan en la frontera.

En esa línea, insistió en que la erradicación de cultivos ilícitos debe tener un componente social. “La única manera en que [la erradicación] se puede producir es que el campesino la arranque”, afirmó, marcando una diferencia con las políticas de erradicación forzada impulsadas en el pasado.

El mandatario colombiano también alertó sobre la expansión del narcotráfico hacia el sur y ofreció cooperación regional. “El narcotráfico se está metiendo en Ecuador… Estamos dispuestos a ayudar para que no se tome el país”, señaló, y pidió respaldo estadounidense para avanzar sobre las finanzas criminales: “Le pedí el favor de que juntemos la fuerza para perseguir sus capitales y capturarlos fuera de Colombia”.

Energía, Venezuela y sanciones

Otro eje de peso fue la energía y la situación de Venezuela, un tema que había generado fricciones previas entre Petro y sectores del gobierno estadounidense. El presidente colombiano propuso utilizar energía limpia de La Guajira como motor de reactivación regional. “Le mostré que La Guajira tenía la energía limpia para reactivar Venezuela. También se puede limpiar toda la matriz energética de Estados Unidos”, afirmó.

Petro vinculó esa transición con la sustitución de economías ilegales. “La energía limpia podría activar el occidente de Venezuela que nos permita quitar los campos de hoja de coca del Catatumbo”, explicó.

En cuanto a las sanciones, uno de los puntos más sensibles de la relación bilateral, Petro reveló una coincidencia inesperada. “Me dijo: ‘No me gustan las sanciones’, y le dije ‘a mí tampoco’”, relató, en referencia a las restricciones internacionales que pesan sobre Venezuela y otros países.

Memoria histórica y política interna

Durante la reunión, Petro también abordó cuestiones de memoria histórica, otro tema que había generado incomodidad en vínculos anteriores con Washington. Solicitó la desclasificación de archivos estadounidenses vinculados al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán (1948) y a la toma del Palacio de Justicia (1985). “Queremos saber qué pasa con los archivos”, sostuvo.

Respecto a la política interna colombiana, descartó haber hablado sobre su sucesión. “No me preguntó sobre un sucesor, eso lo decide el pueblo colombiano”, afirmó, y planteó una definición política: “Hay dos caminos: volver a las masacres y la gobernanza paramilitar o el de la justicia y la democracia”.

Un cierre con gestos y señales

Según trascendió, Trump le dejó a Petro un mensaje escrito: “Gustavo: Un gran honor. Amor a Colombia”. Desde la comitiva colombiana destacaron que, pese a los antecedentes de tensión y a las diferencias ideológicas, el clima del encuentro fue de franqueza, con sonrisas y gestos distendidos.

La reunión se produjo a 185 días del final del mandato de Petro y en un contexto regional atravesado por la reconfiguración de la frontera con Venezuela y la presión del narcotráfico. Para el presidente colombiano, el balance fue el de un encuentro “fructífero”, que buscó bajar tensiones, recomponer puentes y reinstalar la libertad como concepto articulador de una relación bilateral que hasta ahora había transitado más desacuerdos que consensos.