En la antesala del choque mundialista entre las selecciones de Argentina e Inglaterra, los Rolling Stones sorprendieron a sus seguidores locales con un material que impactó de lleno en la zona sur del conurbano bonaerense.
Para acompañar Divine Intervention, canción de su reciente disco Foreign Tongues, la banda publicó un visualizer que transcurre íntegramente en el Puente Alsina, la monumental estructura que une el barrio porteño de Nueva Pompeya con Valentín Alsina, en el partido de Lanús.
A lo largo de casi cinco minutos, la cámara sigue a un joven que despliega una coreografía a través de los distintos sectores del puente. Aunque la primera estrofa del tema menciona a las calles de la ciudad de Nueva York, las imágenes exhiben con total claridad el inconfundible diseño de estilo neocolonial que se inauguró en noviembre de 1938 sobre el Riachuelo.
La aparición de este escenario en la obra de los británicos refuerza la profunda identidad musical de Valentín Alsina, un territorio que forjó a figuras insoslayables de la historia artística nacional.
En esa misma localidad nació el emblemático cantor de tangos Edmundo Rivero, dueño de una voz de registro bajo inigualable para el género. Con el correr de las décadas, la zona también se consolidó como una fortaleza de la cultura popular: desde los habituales viajes nocturnos de Sandro a través de ese cruce, hasta la irrupción en los años noventa de la banda punk 2 Minutos, que inmortalizó el ingreso al puente en la portada de su álbum debut.
A la par de estos hitos, el movimiento urbano de la cultura rollinga adoptó al sur del Gran Buenos Aires como su bastión por excelencia. Que Mick Jagger y compañía posaran su atención sobre esta arquitectura local representa un reconocimiento simbólico a esa devoción sostenida a través del tiempo.
En recientes declaraciones a los medios, el propio Jagger recordó el fervor de su primera visita al país en 1995 y expresó su deseo de regresar pronto para presentar los catorce temas de Foreign Tongues.
El álbum cuenta, además, con colaboraciones de lujo como las de Robert Smith, Steve Winwood y el saxofonista James King. Mientras aguardan la confirmación de un posible recital, los fanáticos ya celebran la integración de su propio patrimonio urbano al universo estético de la banda de rock más grande del mundo.