El modelo económico del gobierno de Javier Milei se sostiene sobre dos pilares: equilibrio fiscal y desregulación. La premisa es simple: bajar el déficit, cortar la emisión, bajar la inflación y que después lleguen la inversión y el crecimiento.
Para eso, el Estado se retrae y le deja más lugar al mercado y al sector privado. Es una apuesta liberal: ordenar primero la macro, aunque el costo se sienta en la micro, con la promesa de que el crecimiento va a llegar después.
¿Pero qué pasa mientras tanto en la economía real? El retiro de subsidios, la baja de la obra pública y el ajuste del gasto pegaron en el nivel de actividad y en el consumo.
Industria, construcción, comercio y pymes del mercado interno lo sintieron más fuerte que los sectores exportadores o los que se beneficiaron con el nuevo escenario. Acá la discusión no es solo cuánto se gasta menos. Es quién paga el costo del ajuste y por cuánto tiempo.
Menos actividad = menos laburo. El empleo registrado perdió terreno y mucha gente salió a buscar alternativas para llegar a fin de mes. El desafío no es solo crear empleo. Es crear empleo formal, estable y que alcance.
LA INFLACIÓN BAJÓ. ¿Y EL BOLSILLO?
La inflación cayó fuerte vs 2023. Eso es un logro y no se puede ignorar. Pero una cosa es que los precios suban más lento. Otra muy distinta es recuperar lo que ya se perdió. Jubilados, trabajadores y la clase media todavía no recuperan el consumo de antes.
Y cuando el bolsillo se achica, o se consume menos… o se recurre a la tarjeta y al crédito para tapar el agujero. Ahí está la pregunta clave: ¿qué pasa con el consumo cuando los ingresos no le siguen a la estabilidad macro?
EL CÍRCULO DE LA ECONOMÍA REAL
Si la familia consume menos, vende menos el almacén, el kiosco, la pyme. Si venden menos, compran menos, invierten menos, contratan menos. Así se debilita el mercado interno. Desde el Gobierno dicen: “primero estabilizar, después crecer”. Sus críticos responden: “¿cuánto aguanta la estabilización si el crecimiento no llega al día a día?”
Ahí está el debate. No es solo si baja la inflación. Es a qué costo, cuánto tarda la recuperación, y quién la banca mientras llega. Porque el equilibrio fiscal es necesario. Pero una economía no vive solo de planillas y variables. Vive de laburantes que llegan a fin de mes. De comerciantes que venden. De pymes que producen. De familias que consumen.
EL VERDADERO DESAFÍO
El verdadero desafío no es solo llegar al déficit cero. Es que ese equilibrio se transforme en crecimiento, empleo y bienestar real. Ordenar las cuentas puede ser el inicio. Pero si esa recuperación no llega al bolsillo, la discusión recién empieza.
Una cosa es el equilibrio en las cuentas del Estado. Otra, muy distinta, es el equilibrio de la heladera.