“La doctrina de las pulsiones es nuestra mitología, las pulsiones son seres míticos, grandiosos en su indeterminación, pero en nuestro trabajo no podemos prescindir ni un instante de ellas, sin embargo, no estamos seguros de verlas con claridad”.
Sigmund Freud, 1933
Es bien sabido, que el concepto de pulsión define el campo mismo del cuerpo doctrinario del psicoanálisis, y le da su estatuto diferenciado como una nueva área de saber en lo concerniente a la subjetividad humana.
No es menos cierto, que el concepto tiene un desarrollo que abarca prácticamente toda la obra de Freud, y va mutando conforme las necesidades que la practica clínica del psicoanálisis va imponiendo a la construcción teórica. Al menos tres formulaciones ordenan el problema, en ellas, dos cuestiones permanecen incólumes en el pensamiento freudiano: la noción de conflicto, y el dualismo pulsional, (la idea que dos variedades de pulsiones se entraman en el alma humana).
Un primer ordenamiento ubica las pulsiones del yo opuestas a las pulsiones sexuales, luego el descubrimiento de que el mismo yo puede ser objeto de la pulsión sexuales, se produce el segundo ordenamiento, que impone la introducción de un concepto fundamental como es el Narcisismo, donde de todos modos, hay un esfuerzo teórico por sostener el dualismo pulsional y se introduce la idea de un dualismo tópico.
Este estado de complejidad de la doctrina de las pulsiones armoniza perfectamente con un principio fundamental del funcionamiento del aparato psíquico, el Principio del Placer es el ordenador de la economía del mismo.
Al menos 25 años de práctica y teorización psicoanalítica han sido presididos por el reinado del Principio del Placer. Este reinado se va a poner en cuestión.
El año 1920 será un año crucial para la historia del psicoanálisis, el mundo inauguraba la década, con los ecos de un horror inenarrable. La primera gran guerra, contaba los muertos por millones, y como si el odio de Dios se ensañara con la humanidad, al tratado de Versailles le sigue la pandemia más mortífera de la que se haya tenido noticias, la gripe española había multiplicado las muertes de la guerra por tres o por cuatro.
El positivismo reinante durante el siglo XIX ha comenzado a crujir, la fe en la razón ya no es capaz de garantizar el progreso como un camino sin pausas hacia un futuro promisorio, por el contrario, si el ideal de la ciencia, había podido ocupar el sitio de un Dios omnisciente, lo incalculable de una pandemia y lo irracional de la guerra, abren las puertas para la entrada al mundo de un Dios oscuro, que no dejará de demandar sus sacrificios.
Sigmund Freud, tal vez el hombre más brillante del siglo veinte, no tiene tampoco un gran año desde el punto de vista personal, Víctor Tausk, un dilecto discípulo, se descerraja un disparo en la cabeza, su amigo y mecenas, Anton Von Freund muere en los primeros días del año y apenas cinco días después, la peor de las desgracias: Muere, víctima de una infección probablemente por un aborto, y tal vez también afectada por la letal gripe, Sophie , su hija preferida, la más bella, la madre del niño del carretel.(Rodríguez, O 2020)
En este contexto, están dadas las condiciones para que un fenómeno de la clínica psicoanalítica surja con toda su potencia ante los ojos de Freud. La compulsión de repetición se revela como un fenómeno disruptivo que pone en cuestión el reinado irrestricto del principio del placer. En los sueños de las neurosis traumática, el juego del fort-da, y la repetición en transferencia de recuerdos penosos, se constata una tendencia compulsiva a repetir lo displacentero, suspendiendo al menos momentáneamente, el imperio del principio del placer. Del examen que Freud realiza de estas tres manifestaciones extraemos tres referencias que nos ubican en el centro del problema:
1 …o bien tendríamos que pensar en las enigmáticas tendencias masoquistas del yo…
2 ¿Puede el esfuerzo (drang) de procesar psíquicamente algo impresionante, de apoderarse enteramente de eso, exteriorizarse de manera primaria e independiente del principio del de placer? Como quiera que sea, si en el caso examinado ese esfuerzo repitió en el juego una impresión desagradable, ello se debió únicamente a que la repetición iba conectada a una ganancia de placer de otra índole, pero directa…
3- Lo que resta es bastante para justificar la hipótesis de la compulsión de repetición, y esta nos aparece como más originaria, más elemental, más pulsional que el principio de placer que ella destrona… (Freud, S. 1920)
En estos tres párrafos del texto Más allá del principio del placer se recortan la vinculación con el masoquismo, la existencia de una ganancia de placer de otra índole y el hecho incontrastable de que la compulsión de repetición es por un lado anterior al principio del placer y por otro de estofa pulsional. Ha quedado demostrado con estas especulaciones que ante la irrupción en el aparato de un monto intramitable, (ruptura de la barrera de protección antiestímulos) es necesario que se produzca una ligadura que es lógicamente anterior al principio del placer para que éste pueda establecerse.
La pregunta que se abre es entonces: ¿De qué modo se entrama la compulsión de repetición con lo pulsional? No repetiremos aquí el desarrollo que formula Freud en su texto mayor de 1920, pero diremos que se destaca el carácter conservador universal de las pulsiones, y se recorta una definición que en este contexto aparece novedosa: Una pulsión sería entonces un esfuerzo, inherente a lo orgánico vivo de reproducción de un estado anterior. (Freud, 1920).
Sin ambages, ha quedado establecida la pulsión como una tendencia a la vuelta a lo inorgánico, la pulsión es aquí pulsión de muerte. Toda apariencia de progreso en la vida de los organismos son efecto de influencias externas, y no son más que rodeos para cumplir con el cometido de volver a un estado anterior.
Freud se ha apoyado en hallazgos de la biología para referir su nuevo modelo de pulsión donde toma relevancia la pulsión de muerte, dos procesos que rigen el discurrir de los organismos vivos, el anabolismo y el catabolismo, uno asimilatorio y el otro desasimilatorio, podrian ser el modelo de los dos tipos de pulsión que ahora rigen el alma humana, unas de vida y otras de muerte.
La clínica de la neurosis nos ha puesto en evidencia la existencia de unas pulsiones de carácter sexual, los modelos de la vida orgánica examinados por Freud dan cuenta de un tipo de células germinales que trabajan en el sentido de retardar el cometido de la tendencia a la muerte y repetir el proceso vital desde un estadio más avanzado.
Extrapolando este proceso biológico a la teoría de las pulsiones, es posible dar cuenta de las fuerzas que lo comandan y deducir de allí el funcionamiento de la libido.
En este punto y articulado a la teoría del Narcisismo, donde sabemos que el yo puede ser objeto de las pulsiones sexuales, y por lo tanto las pulsiones de autoconservación son complementadas por componentes libidinales, es donde libido se transforma en Eros (libido y autoconservación) como la reunión de las pulsiones que trabajan por la voluntad de vivir, es interesante que en este punto ya no es sólo la biología, sino que vienen en auxilio de Freud para reforzar estas especulaciones los filósofos y los poetas.
Ya tenemos en plena acción a nuestros seres mitológicos del epígrafe de este escrito, Eros trabaja para anular la eficacia de la pulsión de muerte agregando componentes libidinales y pulsión de muerte en sentido contrario, queda entonces establecida la noción de mezcla y desmezcla pulsional, lo que nos lleva a revisitar la teoría del masoquismo.
En este punto es posible advertir el avance en la elaboración, que permite explorar las relaciones más profundas entre sadismo y masoquismo, la novedad teórica de contraponer Eros (libido y autoconservación) a pulsión de muerte, le permite retroceder al origen. En un comienzo Eros tiene como funcion neutralizar a la pulsión de muerte que opera en el interior del organismo. Cuando se apela para esto al sistema muscular, esta neutralización se consigue mediante el surgimiento de ciertas pulsiones de destrucción y apoderamiento.
Un sector de la Pulsión de muerte no puede procesarse de este modo, y es ligada en el interior por las corrientes eróticas, con lo cual queda constituido el masoquismo erógeno originario y anterior al sadismo invirtiendo la postulación de 1915.
Este modo de imbricación entre masoquismo y sadismo es inherente al funcionamiento mismo del nuevo par pulsional, Freud le aclara su hipótesis a Jones en una carta del 15 de marzo de 1935 …la secuencia del pensamiento podría ser como sigue: en la naturaleza de Eros estaria proyectarse hacia fuera ya que busca la unión con algo. Esa tendencia no está en la naturaleza de la Todestrieb [1]que pretende destruir su propia masa viviente. Por lo tanto, se acepta que la direccion hacia fuera se origina en Eros. Cuando la Todestrieb se dirige afuera se convierte en Destruktiontrieb. Resultado: con este cambio el organismo se protege contra la autodestrucción. Por supuesto que todo esto es una especulación hasta que venga algo mejor.
Aquel sadismo originario que Freud había ya advertido en 1905, y luego retoma en 1915, es un efecto de una primera ligadura entre Eros y Pulsión de muerte, pero a partir de este nuevo modelo pulsional sadismo y masoquismo ubican el carozo fundamental del oscuro problema pulsional.
Concluiremos este breve recorrido sobre el entramado pulsional, con una cita del mismo Freud en 1924, de su texto el problema económico del masoquismo, donde produce una elaboración mayor del problema pulsional que se expresa en el masoquismo erógeno:
Si se consiente alguna imprecisión, puede decirse que la pulsión de muerte actuante en el interior del organismo –el sadismo primordial- es idéntica al masoquismo. Después que su parte principal fue trasladada afuera, sobre los objetos, en el interior permanece, como su residuo, el genuino masoquismo erógeno, que por una parte a devenido un componente de la libido, pero por la otra sigue teniendo como objeto al ser propio. Asi ese masoquismo sería un testigo, un relicto de aquella fase de formación en que aconteció la liga, tan importante para la vida, entre Eros y pulsión de muerte. (Freud, 1924)
El inagotable problema de las pulsiones nos sigue interrogando a cien años de la gran elaboración que Freud hace en El problema económico del masoquismo.
El concepto, aunque muchísimo más elaborado, sigue sumergido entre tinieblas, pero es innegable que se encuentra en el centro mismo del padecimiento subjetivo y en el corazón mismo del malestar en la cultura de todos los tiempos.
Bibliografía
- Freud, S (1905) Tres ensayos de teoría sexual, A.E. VII
- (1910) La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis A.E. XI
- (1915) Pulsiones y destinos de pulsión A.E. XIV
- (1920) Mas allá del principio del placer A.E. XVIII
- (1923) El yo y el ello A.E. XIX
- (1924) El Problema económico del masoquismo. A.E. XIX
- (1933) Nuevas lecciones de introducción al psicoanálisis A.E. XXII
- (1935) Carta a Ernest Jones del 15/3/1935 Correspondencia de Sigmund Freud Biblioteca Nueva Tomo V
- Rodríguez, O (2020) Cien años de pulsión de muerte, (De pandemia en pandemia.) Psicoanálisis en la universidad UNR Año 4 No. 2020
[1] Pulsión de muerte