El plan es la grieta

El Presidente, en un año electoral, buscó mostrarse enérgico y marcar diferencias con la gestión anterior.

Exhibir un presidente enérgico, firme, con un relato épico que deja atrás la pretensión del consenso de otros años y restaura el planteo confrontación con los otros, a los que asocia con pasado y la corrupción. Esa fue la pretensión del área e comunicación del Gobierno con el discurso que le preparó a Mauricio Macri para la apertura de sesiones ordinarias del Congreso. El interrogante es saber si realmente alcanzó los objetivos que se propuso.

A tono con el lanzamiento de la campaña electoral, el presidente Macri cambió el estilo moderado e institucional que empleó en ocasiones anteriores y su discurso dejó de lado la búsqueda de coincidencias con la oposición para adentrarse en lo que se puede definir como una profundización de la grieta, aquella que le resultó tan funcional en las dos últimas elecciones.

La división entre nosotros y ellos reapareció con fuerza en tramos del discurso en los que explícitamente se refirió a la gestión anterior o, elípticamente, a su eterno rival, el kirchnerismo.

Habitualmente, el discurso inaugural es una oportunidad para que el titular del Ejecutivo realice un balance de lo realizado por su gobierno y presente las metas que le propone al país para los próximos meses y años. Sin embargo, Macri prácticamente no hizo anuncios, con la excepción del aumento anticipado de la Asignación Universal por Hijo y una vaga referencia a un Plan Nacional de Inteligencia Artificial del que no hubo ninguna precisión.

Sin propuestas, el Presidente se concentró en enumerar un conjunto de presuntos logros de su gestión, pero ninguno relacionado con las cuestiones más urgentes y sensibles. No pudo hablar de mejoras en los indicadores de pobreza, desempleo, producción o crecimiento económico.

La única excepción resultó una frase poco feliz, que lo dejó a tiro de las burlas opositoras: “Para normalizarla propusimos un camino gradual que fue exitoso durante dos años y medio. Creció la economía, bajó la inflación, aumentó la inversión, las importaciones, bajó la pobreza y creamos 700 mil puestos de trabajo”, lanzó el Presidente en medio de una severa crisis económica, y las burlas se desataron en los bloques opositores.

El párrafo seguía con la explicación de que esa declamada prosperidad se vio abortada el año pasado por causas externas al propio Gobierno, pero la segunda parte de la idea quedó oculta tras la interrupción de aplausos irónicos de la oposición, y sólo quedó en los videos que se viralizaron aquella descripción de una economía pujante que choca con la realidad y hace aparecer al mandatario como desconectado de la realidad que vive la calle.

Luego, una buena parte del discurso se la llevó una enumeración de logros administrativos, referencias a la modernización del Estado, política internacional y datos sobre políticas sociales, asfaltos, obras de agua potable o cloacas.

En cuanto al estilo enfático que pretendió imponerle a su discurso, atentaron contra ese propósito algunas dificultades en la pronunciación y la lectura. La velocidad y el énfasis lo forzaron a cometer furcios que deslucieron por mementos la presentación.

En cualquier caso, lejos de presentar un informe sobre lo que ocurrió en el último año y proponer lo que hará en este, el Presidente buscó dejar la idea de que, aunque no se note, ha hecho y está haciendo lo que el país necesita para salir adelante, con una perspectiva de largo plazo. Es temprano para saber si la sociedad le cree, pero no falta mucho para descubrirlo.

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