El mensaje de Lugones a las familias de la Diócesis de Lomas de Zamora

"La familia santa no es una familia de ´estampita´: es una familia real, con todos los líos y problemas de cualquier familia, pero que se empeña día a día en amar", señaló.

Monseñor Jorge Lugones

El Obispo de la Diócesis de Lomas de Zamora, monseñor Jorge Lugones, brindó un mensaje a las familias, en el marco del Encuentro Mundial de las Familias que se celebra en Roma. El domingo habrá una misa especial en la parroquia La Sagrada Familia de Banfield.

El amor familiar: vocación y camino de santidad”, es el título del mensaje difundido esta semana por Lugones. “Este es el tema elegido por el Papa Francisco para el Encuentro Mundial de las Familias que se celebra esta semana en Roma, desde el día de hoy hasta el domingo. Como Iglesia diocesana queremos unirnos espiritualmente a toda la Iglesia y dar gracias por el don precioso de la familia”, continúa.

En ese marco, advierte: “Vocación (que proviene del latín vocare) significa llamar. Nos remite a ese sentimiento tan particular que experimentamos cuando nos hablan ´personalmente´, cuando nos llaman por nuestro nombre. Ese llamado nos dice que somos conocidos y ´recordados´, nos arranca de la soledad, y nos invita a abrir la puerta de nuestra vida a quien nos visita y nos llama”. “Es una vivencia que tenemos desde pequeños: uno de los hábitos más frecuentes de los padres hacia sus hijos es llamarlos. Lo hacen para despertarlos por la mañana, para saber dónde están, para darles una tarea, para decirles que los aman. También es una experiencia común para nosotros “fingir” que no se oye la llamada: hacernos los sordos, para evitar algo que nos pueden pedir. Porque ser llamados conlleva un mensaje. Alguien que sabe que existimos se interesa por nuestra vida. Podemos aceptar o rechazar esta
llamada a entrar en una relación”, agrega el texto.

“Dios nos llama, y nos llama a la santidad de la familia. Dice el Papa: ´Él nos quiere santos y espera que no nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada´. Ser santos no nos quita fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario: como nos dice Francisco, nos hace más vivos, más humanos, llegando a ser plenamente lo que Él pensó cuando nos creó. La familia santa no es una familia de ´estampita´: es una familia real, con todos los líos y problemas de cualquier familia, pero que se empeña día a día en amar como Él nos amó“, dice Lugones. “Y necesitamos familias santas, las necesitamos más que nunca. El tiempo que vivimos pone de manifiesto una y otra vez dos gravísimos peligros para la humanidad: el aislamiento y la cultura del descarte. Vivimos estos desafíos desde hace tiempo, y la pandemia nos lo hizo sentir en toda su crudeza. El individualismo nos lleva encerrarnos en nosotros mismos en búsqueda de una pretendida ´tranquilidad´: nos alejamos de los demás para alejarnos de problemas y dificultades. Pero en la soledad nuestro corazón se marchita. Es cierto que cuando amamos ´la vida se nos complica maravillosamente´, pero fuimos hechos para el encuentro y la comunión, y sólo en el amor florece nuestra vida. Esta ´complicación maravillosa´ la aprendemos a gustar en la familia”, agrega.

Advierte: “Y es en la familia también donde podemos superar la cultura del descarte: esta tendencia tan instalada a desentendernos de los demás cuando su situación de fragilidad amenaza nuestra tranquilidad (y comodidad). Soltar amarras para no ´cargar´ con la responsabilidad del otro. La familia nos enseña a ser responsables en el amor: sabe que su amor está llamado a instaurar la cultura del encuentro, se hace familia grande, de corazón grande: ´Su fecundidad se amplía y se traduce en miles de maneras de hacer presente el amor de Dios en la sociedad´”.

“Queridas familias: Dios nos llama a ese amor familiar que cuando es pleno, santo, es el remedio que nuestro mundo necesita frente al encierro y al descarte. La familia es la gran evangelizadora de este tiempo que nos toca vivir, recordándonos el Sueño del Padre que todos sus hijos e hijas formemos una sola Familia en Jesús. Como Iglesia diocesana damos gracias por el testimonio de tantas familias de esta gran comunidad que cada día renuevan el sí a esta llamada. Y le pedimos a la Sagrada Familia de Nazaret que tome bajo su cuidado nuestros hogares, y nos alcance de Dios los dones de la paz y el amor”, expresa.

Sobre el final, convoca a la comunidad a seguir la celebración del X Encuentro Mundial de las Familias en Roma, que finaliza el domingo, a través de las redes. “Y los invito también a compartir el domingo 26 la celebración de la
Eucaristía en la Parroquia Sagrada Familia, de Banfield, a las 11
, para unirnos en la celebración del cierre del Encuentro”, invita.