Tiempo de balances y expectativas en un momento difícil para nuestra Argentina


Estas fechas suelen ser tiempos oportunos para hacer balances. Cada uno hará el suyo a nivel personal, pero como país podemos coincidir en que dejamos atrás un año muy difícil para todos y tenemos por delante un 2023 que será crucial para el futuro de nuestra Nación.

El próximo será un año donde los argentinos volveremos a elegir presidente, coronando cuatro décadas ininterrumpidas de democracia, el período más extenso con imperio de la ley y el estado de derecho en la historia argentina. Mirar para atrás implica resaltar logros y reconocer errores, especialmente para quienes tuvimos responsabilidades políticas en esa etapa.

Pudimos dejar atrás viejos y recurrentes problemas, como los golpes militares, pero en todos estos años -salvo en contadas ocasiones- no logramos mejorar las condiciones generales de vida de nuestro pueblo y en la actualidad arrastramos una carga pesada y dolorosa como la pobreza, que afecta especialmente a sectores vulnerables, como niños, jóvenes y adultos mayores. Los argentinos, y en particular los que nos identificamos como peronistas, no podemos estar satisfechos a la hora de hacer un balance ni de los últimos cuarenta años en general ni de los últimos tres en particular, cuando volvimos al gobierno nacional y provincial por mandato popular.

No podemos ignorar que las condiciones en las que tocó gobernar fueron muy difíciles, producto de la pandemia de Covid 19 y luego por el estallido de la guerra en Europa a partir de la invasión de Rusia a Ucrania, pero es necesario señalar que se han cometido errores estratégicos que agravaron la situación económica, especialmente la de los sectores más humildes.

La falta de una conducción clara, la ausencia de un proyecto común, más las mezquindades propias de cálculos personales y de facción, sumergieron a la gestión del gobierno nacional en una profunda crisis política que se trasladó a la economía y provocó, entre otras cosas, la disparada de la inflación que hoy perfora el poder adquisitivo de los salarios y sumerge en la pobreza a más del 40% de los argentinos.

Es cierto que se trata de una tragedia heredada de la administración fallida que estuvo en manos de macristas y radicales, los mismos que hoy se desangran en una interna despiadada peleando por lo que todavía no han ganado, pero la responsabilidad histórica del peronismo en el poder era revertir el desastre, y no lo hemos conseguido.

Semejante crisis, enmarcada -como se dijo- en años de decadencia y falta de rumbo, pone a la Argentina en una encrucijada frente al año electoral que se inicia y el Peronismo no puede estar ausente en esta discusión. Pero para que el Movimiento Nacional vuelva a tener el protagonismo que nunca debió resignar necesitamos retomar las ideas que nos legara el General Perón, no como un ejercicio nostálgico e improductivo, sino como la vuelta a las bases doctrinarias que hicieron del Justicialismo una herramienta fundamental para la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación.

Volver a Perón significa poner las ideas detrás de los objetivos y no a la inversa, priorizar al conjunto por sobre los intereses personales, y generar instancias de organización donde efectivamente cada militante pueda aspirar a usar el bastón de mariscal. También implica entender los cambios acelerados que experimentan los individuos y los pueblos, y tener la suficiente grandeza para convocar a los mejores por encima de los incondicionales, porque no existen las verdades absolutas ni las personas infalibles.

El compromiso debe ser de arriba hacia abajo, porque los primeros responsables son los dirigentes, no puede haber más excusas porque la Patria está en juego y el Peronismo debe dar respuestas a la altura de las circunstancias. O vamos hacia un Peronismo capaz de interpretar y modificar la realidad para que el país desarrolle a nivel federal su enorme potencial productivo, genere trabajo y recupere la idea de progreso como motor de la sociedad; o seguimos sin rumbo claro, atendiendo las urgencias y postergando lo importante mientras asistimos pasivamente a la degradación de las condiciones de vida y el retroceso de la Argentina en el concierto de las naciones del mundo.

Muchos desafíos para 2023, que espero sea para cada uno de nosotros un año de paz, trabajo y salud, un año de realizaciones personales y colectivas, porque sabemos que “nadie se realiza en una comunidad que no se realiza”.