El mensaje de obispos y sacerdotes de la Diócesis de Lomas de Zamora a la comunidad

Sacerdotes y obispos dieron a conocer una carta en la que admiten el malestar por la falta de encuentro, pero llaman a "no caer en la trampa del mal espíritu".

Monseñor Jorge Lugones

La Diócesis de Lomas de Zamora, cuyo obispo es monseñor Jorge Lugones, dio a conocer en las últimas horas un mensaje a toda la comunidad de San Vicente, Presidente Perón, Almirante Brown, Ezeiza, Esteban Echeverría y Lomas de Zamora. El llamado es a mantener la unidad en un “tiempo marcado por conflictos y desencuentros”.

“Nos sentimos cerca de los que han padecido la muerte de seres queridos en esta realidad tan dolorosa. Abrazamos con el corazón a tantos hermanos que han quedado sin trabajo, o se han visto heridos en sus derechos fundamentales. Nos duelen también en este tiempo las dificultades para encontrarnos y celebrar juntos al Dios de la Vida en la forma comunitaria que nos es más propia, la presencialidad. Se nos está haciendo largo todo esto”, advierte el texto.

En este marco, sacerdotes y obispos consideran que es fundamental “no descuidar los momentos de encuentro y de diálogo, de un diálogo fraterno y sincero, valiente y respetuoso”.

La carta

Al Pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de Lomas de Zamora.
En este momento tan especial, les hacemos llegar nuestra palabra, abrazándolos con la sencillez de nuestro afecto y de nuestro servicio ministerial.
Lo hacemos reconociendo la presencia del Dios bueno en tantos signos de vida y esperanza. Con renovado esfuerzo se han atendido las emergencias y se ha vivido la caridad. Vemos florecer maravillosamente todo aquello que en la Iglesia tiene que ver con la fraternidad y la solidaridad. Nos sentimos felices de ser parte de esta comunidad eclesial tan viva. Vemos también multiplicar en las comunidades las iniciativas para hacer presente la Palabra de Dios, la evangelización y la misión; las redes han sido un nuevo lugar de encuentro.
Damos gracias a Dios por el fuerte protagonismo que los laicos han demostrado, y por el lugar preponderante que ha adquirido la familia como Iglesia doméstica en la celebración de nuestra fe. Este testimonio, sumado al de los diáconos y religiosos/as, en medio de tanta dificultad, alienta el deseo de seguir adelante. Todo esto es gracia de Dios.
Nos duele, como a todos, aquello que tiene que ver con la situación provocada por la pandemia. Nos sentimos cerca de los que han padecido la muerte de seres queridos en esta realidad tan dolorosa. Abrazamos con el corazón a tantos hermanos que han quedado sin trabajo, o se han visto heridos en sus derechos fundamentales.
Nos duelen también en este tiempo las dificultades para encontrarnos y celebrar juntos al Dios de la Vida en la forma comunitaria que nos es más propia, la presencialidad. Se nos está haciendo largo todo esto. Mientras esperamos, queremos mantenernos unidos, y no caer en la trampa del mal espíritu que siempre quiere dividirnos y desanimarnos.
Por todo esto queremos hacer un renovado llamado a la comunión: este tiempo de Pascua que vivimos es un tiempo de encuentro, de caminar juntos. Alejarnos, separarnos (como Tomás, como los discípulos de Emaús) nos impide disfrutar de la alegría de la Pascua. Es el Resucitado quien nos reúne, porque la comunión es ante todo un Don que recibimos, y que estamos llamados a cuidar. Entendemos, como insiste tanto el Papa Francisco, que la unidad cristiana no es uniformidad sino unidad en la diferencia, por lo tanto, cuidar la unidad es el gesto profético que hemos de manifestar en esta hora, en un tiempo marcado por conflictos y desencuentros, conservar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la Paz (cfr. Ef 4,3).
Más que nunca necesitamos no descuidar los momentos de encuentro y de diálogo, de un diálogo fraterno y sincero, valiente y respetuoso. Entendemos que este es el sueño de Jesús (“que sean uno, Padre”) y por eso el ideal que queremos asumir. Desde la lógica del amor, los discípulos de Jesús tenemos un modo propio de resolver el disenso: estamos llamados a ser constructores de paz y de unidad. Necesitamos transitar este tiempo de pandemia en comunión, desde nuestros distintos espacios de participación.
Y frente a la apasionante oportunidad que nos ofrece la Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, como Pueblo de Dios, los invitamos a estar atentos e involucrarse en las instancias de participación. Valoremos lo que significa ser parte de un pueblo que está en asamblea para seguir caminando juntos.
Cercanos a Pentecostés, fiesta de la unidad y de la misión, pedimos que nos renueve el Espíritu de Caridad, que nos hace permanecer unidos a Jesús y entre nosotros. Junto a María, Nuestra Señora de la Paz, queremos perseverar en la oración, en el amplísimo Cenáculo de nuestra comunidad diocesana, implorando que el Don del amor se derrame sobre la Iglesia y toda la humanidad.

Los obispos y los sacerdotes de la Diócesis de Lomas de Zamora.