El 32,8% de los adultos no duerme lo suficiente, según un estudio realizado a nivel mundial, un dato que vuelve a poner el foco sobre un problema cada vez más extendido y con impacto directo en la salud. Especialistas del Hospital de Clínicas José de San Martín de la UBA advirtieron que dormir mal o pocas horas afecta la concentración, el estado de ánimo y puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas.
“La calidad del sueño es tan importante como la alimentación o la actividad física. Dormir bien permite que el cuerpo recupere energía, regula múltiples funciones del organismo y mantiene un adecuado equilibrio físico y mental”, explicó la Dra. Roxana Berenguer, jefa de Neumonología del hospital.
Los especialistas recomiendan que los adultos duerman entre 7 y 9 horas por noche para lograr un descanso reparador. Cuando eso no ocurre, pueden aparecer síntomas como cansancio durante el día, irritabilidad, falta de concentración, somnolencia y menor rendimiento intelectual. Además, se estima que alrededor del 10% de la población padece trastorno de insomnio crónico.
Los trastornos más frecuentes y sus consecuencias
Entre los motivos de consulta más habituales vinculados al sueño aparecen el insomnio y los trastornos respiratorios, como los ronquidos y la apnea del sueño. En el caso del insomnio, suele manifestarse con dificultad para conciliar el sueño, despertares frecuentes durante la noche o la sensación de que el descanso no fue reparador. Cuando esos síntomas se sostienen durante semanas, pueden afectar de manera significativa la calidad de vida.
Por otro lado, la apnea del sueño se caracteriza por pausas en la respiración durante el descanso, generalmente acompañadas por ronquidos intensos y somnolencia diurna. “Muchas veces las personas no lo perciben y es quien duerme con ellas quien advierte los episodios de interrupción de la respiración”, señaló Berenguer.
“Dormir mal o de manera insuficiente se relaciona con un mayor riesgo de hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, alteraciones metabólicas, obesidad y diabetes”, advirtió la especialista. La falta de descanso sostenida en el tiempo, remarcaron desde el hospital, puede convertirse así en un factor de riesgo para distintos problemas de salud.
Pantallas, estrés y hábitos que deterioran el descanso
Entre las causas más frecuentes de la pérdida de horas de sueño aparecen el ritmo de vida actual, el estrés cotidiano y el uso excesivo de dispositivos electrónicos. La exposición a pantallas antes de dormir resulta especialmente problemática porque la luz artificial estimula el cerebro e interfiere con el ritmo biológico que regula los ciclos de sueño y vigilia.
“Es fundamental que el organismo pueda reconocer cuándo llega el momento de descansar. Reducir los estímulos y generar un ambiente adecuado facilita la conciliación del sueño”, explicó Berenguer. También inciden negativamente las comidas abundantes por la noche y el consumo excesivo de estimulantes como la cafeína.
Para mejorar la calidad del descanso, los especialistas recomiendan sostener horarios regulares para acostarse y levantarse, evitar el uso de celulares, tablets o computadoras al menos una hora antes de dormir, procurar un ambiente oscuro y silencioso, reducir las cenas pesadas, moderar la cafeína por la tarde y realizar actividad física en horarios diurnos. En caso de dormir siesta, aconsejan que no supere los 20 o 30 minutos.
Una jornada abierta para detectar apnea del sueño
En el marco de la Jornada Mundial del Sueño, la División de Neumología del Hospital de Clínicas “José de San Martín” realizará una “Jornada de detección de apnea del sueño” abierta a toda la comunidad. La actividad apuntará a identificar síntomas y factores de riesgo asociados al síndrome de apnea obstructiva del sueño.
La campaña se llevará a cabo el 13 de marzo de 2026, de 9 a 12 horas, en el hall central de la planta baja del hospital, con ingreso por Avenida Córdoba 2351. La convocatoria busca promover la detección temprana de uno de los trastornos respiratorios del sueño más frecuentes, en un contexto en el que cada vez más personas reportan dormir menos y peor.