Lomas de Zamora: sigue la odisea en el ramal Temperley-Haedo


El ramal Temperley-Haedo de la Línea General Roca (LGR), una arteria de 26 kilómetros clave por ser la única vía transversal que conecta el sur y el oeste del Gran Buenos Aires, atraviesa uno de sus peores momentos. La combinación de obras de infraestructura que se extienden mucho más allá de los plazos originales y una alarmante falta de coordinación entre las operadoras estatales hacen del viaje una verdadera lotería.

En la actualidad, las demoras duplican el tiempo de viaje histórico —pasando de los 40 minutos que tomaba hace tres décadas a más de 80 minutos hoy— y las cancelaciones de los pocos servicios diarios se han vuelto moneda corriente. Esta degradación provocó una drástica caída en la cantidad de pasajeros que utilizan el ramal.

Un puente y plazos que se triplican

El origen del actual cuello de botella se remonta al 26 de enero, cuando comenzaron las obras de reparación estructural del puente sobre el Río Matanza. Para estos trabajos, presupuestados en más de 2.400 millones de pesos, se inhabilitó la vía ascendente, dejando un tramo de 16 kilómetros —entre Empalme Temperley y pasando la estación Tablada— operando de manera precaria con una sola vía.

Aunque Trenes Argentinos había anunciado que esta primera etapa concluiría el 28 de marzo, la empresa extendió sorpresivamente el plazo hasta el 10 de julio. Según informaron, el deterioro de la estructura metálica resultó ser mayor al proyectado. Mientras tanto, la vía fuera de uso ya muestra signos de abandono: está cubierta de malezas y sufre el avance de construcciones informales sobre la traza, un problema que en 2019 ya había forzado la paralización del ramal por casi dos años.

La trampa del tren carbonero y la falta de coordinación

A la reducción a una sola vía se le suma un insólito problema operativo. El ramal es utilizado también por formaciones de Trenes Argentinos Cargas que transportan carbón desde Mendoza hasta La Plata. Inexplicablemente, de lunes a viernes estos trenes de carga circulan con el mismo diagrama de horarios que tenían cuando las dos vías estaban operativas.

El resultado es el colapso. Al tener que cruzarse ambas formaciones en el tramo de vía única, el tren de pasajeros llega a acumular atrasos de hasta una hora. Este desfasaje provoca un efecto dominó que termina obligando a cancelar los servicios posteriores. Curiosamente, los sábados el cruce de los trenes de carga se organiza en otro sector del trazado sin afectar a los pasajeros; una solución de sentido común que el personal ferroviario reclama, pero que choca contra la falta de diálogo entre las dos empresas del Estado.

Usuarios a la deriva

El sistema de información oficial corona el destrato al pasajero. La aplicación de Trenes Argentinos suele anunciar las cancelaciones apenas cuatro minutos antes del horario de partida programado y por vagos “problemas operativos”. La anulación de un solo servicio implica, dadas las reducidas frecuencias actuales, un bache de casi 7 horas sin trenes.

Hoy en día, el pasaje está compuesto casi exclusivamente por cartoneros que ascienden con sus carros vacíos en paradas de Lomas de Zamora (como Kilómetro 34 y Pedro Pablo Turner) rumbo al oeste. Las recurrentes e imprevistas cancelaciones, especialmente cuando afectan al último tren de la jornada, condenan a estos trabajadores a pasar la noche a la intemperie en Haedo a la espera de que, al día siguiente, el servicio decida funcionar.