Reactivan un bajo nivel vital para el ramal Temperley-Haedo


Tras casi dos años de parálisis y un insólito retroceso que obligó a tapar excavaciones por el riesgo de dengue, la Provincia de Buenos Aires finalmente tomó las riendas de la obra del bajo nivel en la Avenida Arturo Illia de Aldo Bonzi, en el partido de La Matanza, una infraestructura que contribuirá mejorar el ramal Temperley – Haedo del ferrocarril Sarmiento.

El proyecto, quedó truncado de forma abrupta en diciembre de 2023 tras la decisión de la gestión de Javier Milei de paralizar la obra pública nacional, ahora será financiado ahora por el Ministerio de Infraestructura bonaerense de esta reactivación vital para los vecinos de Lomas de Zamora, ya que el abandono del Ejecutivo Nacional afectó directamente la operatividad y el entorno del ramal ferroviario que une Temperley con el oeste del Conurbano.

El panorama actual en la zona de las vías refleja las consecuencias de la “motosierra” aplicada a la infraestructura: lo que debía ser un avance moderno se transformó en un foco de maleza y una playa de estacionamiento improvisada.

Aunque los dos puentes ferroviarios ya están colocados, la gestión de Milei dejó la obra con un 40% pendiente, lo que derivó en situaciones críticas como el relleno con tierra de sectores ya excavados para evitar el estancamiento de agua.

Ante este abandono de Nación, la Provincia lanzó una licitación con un presupuesto de 14.500 millones de pesos —un costo que se disparó desde los 1.500 millones originales de 2021 debido a la inflación y el tiempo perdido— y prevé un plazo de ejecución de un año para finalizar los muros de contención, las rampas y la estación de bombeo necesaria para evitar inundaciones conectadas al arroyo Maldonado.

Para el usuario del servicio que sale desde Temperley, la culminación de este cruce representa la esperanza de normalizar un ramal que viene sufriendo un deterioro constante.

Actualmente, las frecuencias son críticas, con trenes cada tres horas y veinte minutos, mientras que los peatones deben cruzar las vías por estructuras de madera precarias. La intervención bonaerense busca rescatar un proyecto que llevaba cuatro años castigando a comerciantes y frentistas, devolviéndole la fluidez a una conexión estratégica entre el sur y el oeste del Gran Buenos Aires.