No es no, ¿no?

Cómo se vive hoy desde las masculinidades el ‘no’. Diferentes generaciones aportan sus miradas y exhiben sus diversidades. ¿Juego de seducción o acoso?

Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE) el verbo seducir tiene tres acepciones: la primera es “persuadir a alguien con argucias o halagos para algo, frecuentemente malo”; la segunda es “atraer físicamente a alguien con el propósito de obtener de él una relación sexual” y, finalmente “embargar o cautivar el ánimo a alguien.”

Asimismo, define acosar como “perseguir, sin darle tregua ni reposo, a un animal o a una persona” y “apremiar de forma insistente a alguien con molestias o requerimientos.”

Como se verá dos definiciones que parecen lejanas una de otra pero que, según pasan los tiempos, parecieran más cercanas entre sí y con una frontera cada vez menos nítida.

Estamos en tiempos nuevos que cambian con una rapidez nunca vista, donde mucho de lo que conocíamos y enseñaban ya no existe; otras cosas están cambiando y algunas comienzan a nacer. Para peor, y para que se complique aún más, estamos en medio de la tormenta lo que nos quita perspectiva y borra las referencias que podrían ayudarnos.

Luciano Olivera orilla el medio siglo, es productor televisivo y escritor de libros como No llames amor a cualquier cosa y Largavistas donde recuerda los años en que las teles no tenían control remoto, cuenta que en la adolescencia de esos años de la primavera alfonsinista “acceder al sexo opuesto era toda una tarea que requería no sólo de la valentía que siempre hace falta para vencer los primeros temores -que en esos momentos son más bien terrores- en especial al rechazo, sumado a que teníamos que aprender a cómo comunicarse con el otro, y aprendíamos a los golpes, a fuerza de errores.”

“No teníamos casi ninguna herramienta de la que hoy tienen los chicos, como mucho, si lográbamos conseguir el teléfono de la pretendida ,podíamos hacer un llamado y eso hacía que tuviéramos que aparecernos por el barrio, el club, la escuela para que nos vieran y poder ver a esa persona con la que queríamos intercambiar una mirada o un beso si la cosa prosperaba. Las trabas no eran sólo en términos de kilómetros o de horas que nos podían separar de esa persona sino que había dejar pasar días hasta que uno le pudiera mandar un mensaje o dejarle algo en la puerta de la casa.”

Padre de una adolescente, sostiene que “son épocas muy distintas y que no se pueden juzgar con la misma vara porque nada es igual” y observa que “hoy los chicos tienen una capacidad increíble para intercambiar material todo el tiempo incluido el lógico flirteo de la adolescencia en el que tienen otro código completamente distinto, ellos también están aprendiendo un lenguaje nuevo pero con más herramientas.”

“Hoy, tal vez sean tan insistentes como lo fuimos nosotros pero al ser vías de comunicación que no pasan por lo físico es más sencillo poner distancia cuando es necesario.”
Retrospectivo, reconoce que muchas de las cosas que se hacían en esa época vistas con los ojos de hoy serían casi un “problema”: “¡Qué está haciendo ése reclamando que lo miren, exhibiéndose de ese modo! Mirá qué pesado.”

“Eso sí, las personas de bien siempre tuvimos respeto por el otro. No, siempre fue no y aún cuando era difícil comunicarse no era no para quienes crecimos con dignidad y con valor por el respeto del otro”, concluye.Topologías del si y del no
“El no y el si son lugares complejos”, reflexiona Alberto, un músico que pasa los 60 y que, con vocación docente, explica que “el no y el si son herramientas de seducción, de ese juego amoroso que se da en todas las especies y que en la especie más sofisticada del planeta que es el ser humano se dan con el grado de complejidad que le corresponde.”

Didáctico, desgrana un mapa para interpretar la polisemia del no:
“‘No quiero verte más porque me voy a enamorar de vos’, eso es un si”.
“‘No me llames más porque el día que salimos me aburrí como una ostra’, eso es un no.”
“No quiero verte porque Marcelo va a sufrir mucho”, ¿quién es Marcelo?, preguntamos “el dueño de la señorita”, responde para concluir que eso es “un si.”
“No me llames más es un no, pero si lo hace llorando es un si.”
“No te quiero ver más pero no te voy a olvidar nunca, es un sí.”
“No te quiero ver más pero sos lo mejor que me pasó, es un sí.”
“¿Puedo entrar a tu casa?, No. Eso es un no.”

Para Alberto los si y los no se explican en sí mismos, sino en el contexto en que se dicen. “Lo importante es ver la película”, resume.

Juan tiene 20 recién cumplidos y compite en básquet, aclara que está en pareja y se ocupa de poner en claro que “insistirle a una mujer a tener un encuentro o unos besos” hace unos años podía “pasarse por alto” pero que hoy ante una situación similar “cualquier mujer no dudaría en ponerse firme.”

Al respecto cuenta que en las redes como Instagram “hay muchas mujeres que están empezando a hablar de este tipo de de acoso” un cambio que califica de “perfecto” porque “ ninguna mujer tiene que callarse ante una situación incómoda o una falta de respeto a su decisión.”

Filosofías y barrio
“Estamos asistiendo a cambios en las normas mediante las cuales comprendemos y realizamos nuestros roles de género. Particularmente están en crisis los supuestos en los que se basaron durante mucho tiempo una gran cantidad de prácticas identificadas con la masculinidad”, reflexiona Diego Singer profesor de Filosofía de la UBA y autor de Políticas del discurso, intervenciones filosóficas en la escuela.

Para Singer “lo masculino estuvo asociado a lo activo y lo femenino a lo pasivo”, dos concepciones “fuertemente arraigadas” que hace que lo “masculino-activo” requiera, “exhibición, demostración de músculo, de fuerza que domine el entorno, inclusive de maneras violentas” porque “se pone en juego una demostración que se ejerce para los pares y hacia las mujeres como uno de los ‘objetos’ favoritos sobre los que ostentar tal dominio.”

De esto se desprende que si la posición “tradicional masculina implicaba tener el derecho al último acto, a la última decisión, incluía también avanzar más allá de lo que una mujer quisiera o manifestara” por lo cual el ‘no es no’ descoloca porque “por primera vez se destrona al hombre como el soberano sobre la última decisión.”

Esta ruptura, para él, lleva a comprender que el ‘no es no’ no sólo incluye sino que también excede el tema de del consentimiento sexual porque es “una forma de afirmarse de las mujeres en su condición de sujetos plenos, condición que les es negada cada vez que la posición masculina toma decisiones sobre sus vidas, sus cuerpos o su maternidad.”

Este ‘barajar y dar de nuevo’ constituye para el varón una oportunidad para construir un “nuevo lugar” donde liberarse de mandatos que no esta generación “no inventó pero reprodujo acríticamente, usufructuando privilegios que se basaban en el sufrimiento ajeno.”

“Estar a la altura de lo que sucede indica en este caso tener la capacidad de aprender todo lo que puede construirse por fuera de esas normas, no conformarse con los lugares violentos que nos han sido asignados, explorar aspectos hasta ahora impensados de estar con los otros”, sintetiza.

Julián, Patricio y Rubén están tomando unas cervezas en Lanús, se conocen del barrio y andan promediando los 30.

Julián es el que más habla, el más enfático y el primero que toma la palabra: “Si te están diciendo que no y le vas a dar un beso…. el límite es no usar la fuerza, no forzar”, explica y aclara que “no es no” y que “en nueve de cada diez casos” no habrá un segundo intento. Sin embargo deja una puerta entreabierta: “Si te das cuenta que hay una segunda intención en un no, eso también existe.”

¿Cuántas veces se insiste en esas situaciones?, preguntamos: “Depende de la situación” y pone de relieve que “Por Facebook o Instagram se puede probar hasta dos o tres veces” porque con eso alcanza para saber que no va a pasar nada.”

Patricio, por su parte, sostiene que “cuando dice no es no porque las mujeres saben decir que no”, aunque relativiza: “En algunos aspectos, el no es un juego, también, cuando ella se hace desear.”

“Si vos estás en una situación y proponés vamos a hacer algo y ella dice pero sigue jugueteando, no se aleja de al lado tuyo o insinúa algo porque está buscando también, como dos personas grandes”, una característica que aprovecha para expresar su asombro por “todos los casos que están saltando, chicos de 15, 16 y nenas de 13 y 14 que usan las redes para denunciar abusos.

Javier retoma la palabra para contar que “hay muchas mujeres que la primera vez te dijeron que no y quizás después ceden, eso es parte del arte de la seducción, tratar de impresionar, de resaltar”, aunque el hombre propone y la mujer dispone.”

En eso coincide con Patricio que recalca que “el límite lo pone la persona que se siente incómoda” aunque destaca que “a mi mujer la conquisté, luego nos enamoramos y ahora estamos juntos”, cierra orgulloso.

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