El precio de las naftas registró un fuerte aumento en lo que va de marzo, con una suba acumulada del 20% que llevó a la nafta súper a romper la barrera de los $2000 por litro en todo el país. El incremento se da en un contexto internacional marcado por el conflicto en Medio Oriente, que encareció el valor del barril de petróleo y presiona sobre los costos locales.
En términos interanuales, el precio de los combustibles acumuló un alza de hasta el 63,6%, muy por encima de la inflación anual del 33,1%. Desde YPF, su CEO Horacio Marín explicó que “la actualización de precios refleja el mayor costo de refinación por la compra de crudo no propio” y sostuvo que se trata de “un ajuste transitorio”, incluso por debajo de subas registradas en otros países.
La dinámica de los precios en surtidor no solo depende del valor internacional del petróleo, sino también de la carga impositiva. En ese sentido, los Impuestos a los Combustibles Líquidos (ICL) y al Dióxido de Carbono juegan un rol clave, ya que su actualización trimestral está atada al Índice de Precios al Consumidor (IPC). Para amortiguar el impacto en los consumidores, el Gobierno decidió postergar el aumento previsto para abril, una medida que ya aplicó en reiteradas ocasiones durante 2025 y lo que va de 2026.
En paralelo, el Ejecutivo autorizó a las petroleras a incrementar el corte de bioetanol en las naftas hasta un máximo del 15%, por encima del 12% vigente hasta ahora. Si bien esta medida no afecta el funcionamiento de los motores, especialistas advierten que puede implicar una menor eficiencia en el rendimiento del combustible, lo que podría traducirse en un mayor consumo por parte de los usuarios.