5G: Una tecnología que cambiará todo

Multiplicará la velocidad por 100 y permitirá que todos los objetos se conecten a internet. En 2025 habrá 25 mil millones de aparatos en red.

Suena como un escalón más en el desarrollo de la tecnología de transmisión de datos que ofrecen los dispositivos móviles. Conocimos 2G en los años noventa, 3G a mediados de los dos mil, 4G hace una década y en los próximos meses comenzará a desplegarse la tecnología 5G en Asia y Europa, aunque en Argentina habrá que esperar unos años más. Sin embargo, la implementación de esta nueva tecnología no será simplemente una oportunidad para navegar más rápido, sus prestaciones son tan espectaculares que los especialistas consideran que estamos a las puertas de una nueva revolución tecnológica, que cambiará profundamente nuestra vida cotidiana y nuestra interacción con el mundo.

“Será la combinación de nuevas tecnologías la que provoque una revolución”, presagió Serge Willenegger, vicepresidente sénior de Qualcomm en una entrevista durante el Mobile World Congress de Shanghai. “Será una transformación que hunde sus raíces en el auge de la plataforma móvil que se produjo a finales de la era 3G y, sobre todo, con el 4G. La explosión en la utilización de dispositivos móviles se ha dado en una escala nunca vista, lo cual ha facilitado la integración de todo tipo de tecnologías”, señaló, para luego aclarar que lo novedoso “es que la conectividad y la capacidad de computación van a dar un salto que transformará otros sectores porque impulsará la automatización”.

Desde el punto de vista técnico, 5G es una tecnología para la conexión de dispositivos móviles a sus respectivas redes con el fin de intercambiar datos, desde comunicaciones telefónicas orales tradicionales hasta navegación por internet, tal como lo conocemos ahora. La diferencia es que se trata de un sistema muchísimo más veloz, más eficiente, más ágil y más potente. Tanto que, además de las personas, todos los objetos del mundo podrán estar conectados e interactuar entre sí.

Para ser precisos, 5G puede alcanzar una velocidad de transferencia de datos de hasta 10 gigabits por segundo (Gbps), lo que implica multiplicar hasta cien veces la velocidad de la que disponemos hoy en nuestros celulares, e incluso mucho más si la comparamos con el ancho de banda que disponemos hoy en la Argentina.

En nuestro país, que tiene una de las peores prestaciones del mundo en 4G, contamos con velocidad promedio de 12 megabits por segundo (Mbps). Simplificando los números, sería algo así como saltar de 12 millones de bits por segundo a 10.000 millones de bits por segundo en momentos pico o 1.000 millones de bits por segundo de velocidad promedio.

Pero, como dijimos, no solo aumenta exponencialmente la velocidad. También disminuye lo que se conoce como tiempo de latencia, es decir, la demora entre la indicación de una orden y su ejecución a través de internet. Por condiciones inherentes a la tecnología, con 4G esa latencia es de unos 100 milisegundos y con 5G cae a entre 1 y 5 milisegundos. Esa diferencia, que parece menor, es crucial para emplear internet en funciones como la conducción autónoma de vehículos o las intervenciones quirúrgicas remotas. Por ejemplo, con una latencia de 100 milisegundos, un auto que circula a 100 kilómetros recorrerá 2,8 metros hasta recibir la orden de frenado, en cambio, si la latencia es de 5 milisegundos habrá recorrido apenas 14 centímetros, una brecha que puede separar la vida de la muerte.

Otro aspecto donde se produce un salto significativo es en lo que se define como densidad de dispositivos. El término hace referencia a la cantidad de dispositivos móviles que se pueden conectar a la red por kilómetro cuadrado, que pasa de los 10 mil en el caso de 4G a un millón de dispositivos con 5G.

En cuanto a la eficiencia, se pueden destacar dos aspectos. Esta tecnología permite una utilización más eficiente del espectro radioeléctrico, que es en definitiva por donde viajan todos estos datos, al permitir una menor utilización de ancho de banda y una asignación inteligente según el tipo de servicio que se demanda y la disponibilidad en cada momento y lugar. El segundo aspecto es el ahorro energético, que resulta un 90% inferior que el de 4G.

También el volumen del tráfico soportado se incrementa notablemente al pasar de los 10 Gbps por kilómetro cuadrado a 10 Terabits por segundo (Tbps) por kilómetro cuadrado, es decir que se multiplica por mil, y la velocidad máxima de desplazamiento del móvil se eleva desde los 300 actuales hasta 500 kilómetros por hora.

Además, se prevé que tendrá una cobertura universal y que las conexiones serán más estables, confiables y eficaces.

Todas estas prestaciones, que hoy lucen asombrosas, ya son posibles. A lo largo de 2018 se realizaron comunicaciones de prueba. La primera en el Mobile World Congress de Barcelona (WMF). Incluso en Buenos Aires tanto Telefónica junto a Ericsson como Telecom y Nokia realizaron exhibiciones en las que efectivamente se lograron las velocidades prometidas.

Semejantes prestaciones son justamente las que pueden hacer posible la implementación de nuevos desarrollos tecnológicos, muchos de los cuales ya están disponibles pero no cuentan con las condiciones de conectividad que requieren para su óptimo funcionamiento . Fundamentalmente, 5G va a permitir la explosión de lo que se conoce como Internet de las cosas, es decir, la posibilidad de que todo tipo de dispositivo cuente con un chip como los que usan los celulares para conectarse con las personas y con otros equipos, automatizando la vida cotidiana.

Algunos ejemplos incipientes son las centrales de alarma que cuentan con conexión a través de la red móvil a las centrales de monitoreo, o algunos dispositivos hogareños para lo que se denomina casas inteligentes. Eso es lo que se puede extender a lavarropas, heladeras, equipos de climatización o iluminación, entre otros. Además, como se dijo, va a permitir que los autos o micros autónomos comiencen a funcionar de manera confiable ya que se comunicarán entre sí para informarse sobre la ubicación de cada uno, las condiciones del tránsito, accidentes, frenadas bruscas, y cualquier otro tipo de información relevante. Es decir, las máquinas comenzarán a dialogar entre sí, simplificando y automatizando muchas tareas cotidianas.

La telemedicina podría ser algo más que una consulta remota, podría convertirse en una intervención quirúrgica a distancia, la realidad virtual, perfeccionarse hasta incorporar el sentido del tacto; los drones podrían ser autónomos; los sistemas de organización del tránsito funcionar de modo autónomo mediante carteles o luces; el sistema de transporte público podría estar conectado en tiempo real con cada usuario y cada parada. En cuanto a medios de comunicación, sería posible la transmisión en vivo desde cualquier lugar del planeta con calidad UHD (Ultra alta definición) empleando un celular o mediante cámaras directamentes conectadas a la red. En fin, los límites son difíciles de dibujar todavía.

Para 2025 se estima que habrá 25 mil millones de tarjetas SIM que controlarán dispositivos, casi 4 veces la población mundial, además de los chip que utilizarán las personas en sus respectivos móviles. En 2017 ese número era de unos nada despreciables 7500 millones. Esos datos fueron publicados en el informe anual Mobile Economy 2018 de la GSMA, la asociación que organiza el Mobile World Congress de Barcelona (el último se realizó hace justo un año, el nuevo Congreso está por comenzar esta semana).

“5G es más que una nueva generación de tecnología, traerá una nueva era donde la conectividad será cada vez más fluida y flexible, ya que las redes 5G puedan adaptarse a aplicaciones y rendimientos que se ajustan a las necesidades de los usuarios y las empresas. Eso será una revolución en sectores como el automotriz, financiero, salud, transporte, servicios públicos y muchos otros”, señaló en aquel encuentro Sebastián Cabello, máximo responsable de la GSMA, un organismo que regula la implementación del sistema de telefonía móvil.

Claro que no todo es optimismo en el mundo de las nuevas tecnologías. La guerra comercial y política por la adopción de la tecnología específica y por la provisión de equipos, las acusaciones de espionaje internacional de Estados Unidos contra China, las dudas de Europa, los cientos de miles de millones de dólares necesarios para su implementación en todo el mundo, son algunos de los aspectos aún no resueltos, que merecerán un artículo aparte.

Por lo pronto, en Argentina, el presente tecnológico que vive mundo suena a ciencia ficción. La tecnología 5G, a diferencia de su predecesora, sí se asienta sobre la red existente de 4G, por lo que nuestro país tiene una deuda con la extensión y calidad de esa red antes de empezar a pensar en su modernización. Tal vez por eso y por la falta de inversiones, los operadores locales, más allá de las pruebas, no estiman el arribo de 5G para antes de 2022. Una eternidad para esta Nación agitada que no puede dejar de vivir al día.

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