Organizaciones feministas, sindicales, sociales y políticas convocaron a un paro de actividades y a movilizaciones en todo el país para el lunes 9 de marzo, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La decisión de trasladar la protesta del domingo al lunes apunta a dotar a la jornada de un efecto concreto sobre la actividad económica y reforzar así el alcance de los reclamos.
La convocatoria tiene como ejes centrales la lucha contra la violencia machista, la brecha salarial, la precarización laboral y la defensa de los derechos conquistados frente a un escenario que distintos espacios describen como de posible retroceso. En ese marco, el paro busca visibilizar el lugar que ocupan las mujeres en la estructura económica y social del país y el peso que tiene su participación cotidiana en ámbitos laborales, comunitarios y de cuidado.
Entre los principales impulsores de la jornada figuran el colectivo Ni Una Menos, la CGT, las dos CTA, la agrupación Pan y Rosas y la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. En la Ciudad de Buenos Aires, la concentración principal está prevista para las 16:30 en el Congreso Nacional, desde donde la movilización avanzará hacia Plaza de Mayo.
El peso del paro y una fecha elegida para presionar
La elección del lunes 9 de marzo no aparece como un detalle menor dentro de la convocatoria. A diferencia de la fecha original del 8M, que este año cae domingo, la decisión de realizar el paro al día siguiente apunta a convertir la protesta en una herramienta de presión política y económica, con impacto en la vida laboral y productiva, y no solo en el plano simbólico o conmemorativo.
También habrá manifestaciones en distintos puntos del interior del país. Entre las concentraciones ya previstas figuran Plaza Independencia, en Tucumán; el punto de El Reloj, en Paraná, Entre Ríos; y el centro de Mar del Plata, en una jornada de carácter federal que buscará replicar en varias ciudades las consignas históricas del movimiento.
El llamado se apoya, además, en una serie de estadísticas que las organizaciones utilizan para sostener la vigencia de los reclamos. Según el observatorio MuMaLá, durante el primer bimestre del año se registró un femicidio cada 39 horas, lo que equivale a un promedio de 0,6 muertes diarias.
Violencia, desigualdad e incumplimientos como ejes de la protesta
A esos datos se suman indicadores económicos y sociales. De acuerdo con el CEPA, los ingresos de los varones superan a los de las mujeres entre un 27% y un 29%, mientras que UNICEF advirtió que 7 de cada 10 padres no cumplen con la cuota alimentaria, lo que recarga sobre las madres la manutención, la educación y la atención de la salud de hijos e hijas.
“Organizarnos” y “volver a mostrar la potencia de nuestra fuerza colectiva” fue la convocatoria lanzada por Myriam Bregman, diputada nacional del FIT e integrante de Pan y Rosas, al llamar a participar de la jornada. La dirigente también definió a quienes se movilizan como las “verdaderas protagonistas” de las luchas que permitieron avances legislativos en los últimos años.
Con ese trasfondo, el 9M se proyecta como una continuidad política del 8M, pero con una estrategia distinta: no solo ocupar el espacio público, sino también interrumpir la normalidad de la actividad para remarcar que los reclamos por violencia, trabajo, ingresos y derechos pendientes siguen abiertos.