Cuatro generaciones de asturianos nacidos a ambos lados del mar llenaron este domingo el Centro Asturiano de Lanús para celebrar los 101 años de una institución que nació al calor de la inmigración y que, más de un siglo después, enfrenta el desafío de transmitir esa pertenencia a hijos, nietos y bisnietos nacidos a miles de kilómetros de Asturias.
La celebración tuvo la visita del presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón, quien llegó a Lanús en el marco de su primera visita oficial a la Argentina. Fue recibido por el presidente del Centro, Fabián Martínez, quien le entregó un reconocimiento en nombre de la entidad, en una jornada de la que también participaron el intendente Julián Álvarez y Nicolás Russo, presidente del Club Atlético Lanús y del Concejo Deliberante del distrito.
La delegación asturiana incluyó además a Olaya Romano, directora general de Emigración y Políticas de Retorno del Principado, mientras que entre los representantes de la colectividad estuvieron la presidenta del Centro Asturiano de Buenos Aires, Pilar Simón, y el presidente de Fedespa, José Besteiro. También asistió el director general de Colectividades del Gobierno porteño, Gastón Juan.
Por su parte, el capitán de Lanús, Carlos Izquierdoz, quien jugó durante dos temporadas en el Sporting de Gijón se hizo presente para saludar a los visitantes.

Más allá de los reconocimientos y del programa formal del aniversario, Barbón dejó en conversación con Inforegión su opinió sobre el crecimiento de las derechas xenófobas a ambos lados del Atlántico a la que calificó como “muy preocupante”.
“Yo estoy muy preocupado, lo vengo defendiendo en Asturias en los últimos meses. Hay un libro que recomiendo a todo el mundo, que casi diría que debe ser lectura obligatoria, Síndrome 1933, donde claramente se observa cómo el deterioro de la democracia al final lo que desemboca precisamente es en la caída de la misma. Y ese avance es preocupante porque va en ese ataque y en ese fin de la democracia”, sostuvo.
En su primer contacto directo con la Argentina, Barbón reflexionó acerca de los rasgos de Asturias que había encontrado entre los argentinos, y eligió hablar menos de edificios o paisajes que de formas de relacionarse.
“Yo te diría sobre todo el talante de la gente, muy cercano, muy como nosotros somos. Somos muy expansivos, muy abiertos, muy receptivos. Sales y preguntas cualquier cosa y enseguida te dan conversación”, señaló, antes de destacar que encontró a los argentinos “muy, muy educados” y definir como rasgo principal “el carácter acogedor”. Incluso encontró una coincidencia meteorológica: “la lluvia, curiosamente, ayer la lluvia también me recordó a Asturias”.
La crisis argentina también llegó a Asturias
La conversación tuvo otro dato particularmente significativo para una comunidad que durante décadas fue pensada desde la Argentina como receptora de la emigración española. Barbón confirmó que el deterioro de las condiciones sociales y económicas del país comenzó a reflejarse en las solicitudes de asistencia que recibe el Gobierno asturiano.
“Sí se ha notado, sí, efectivamente. Fundamentalmente antes eran concentradas en Cuba y ahora sí que hay también ayudas que tenemos que dar a Argentina; sí es verdad que se ha notado, sí, en los últimos años”, respondió ante la consulta de este medio.
El Principado dispone de un sistema de asistencia económica para asturianos residentes en el exterior que atraviesan situaciones de necesidad. “Nosotros tenemos una ayuda que concede el Principado de Asturias a aquellos asturianos que residan en el extranjero. Es una ayuda directa que se concede previa convocatoria o solicitud. Los trabajadores sociales evalúan la situación y hay un reparto económico de una ayuda anual”, explicó.
El señalamiento introduce un cambio en una relación migratoria de más de un siglo. Los centros asturianos argentinos fueron creados originalmente por hombres y mujeres que habían llegado al país buscando trabajo, seguridad o mejores condiciones de vida; hoy, parte de aquella colectividad o de sus descendientes vuelve a requerir asistencia desde la tierra de la que partieron sus familias.
El voto de los descendientes, en el contexto de la gira
La situación de los asturianos residentes fuera de España también atraviesa la agenda política de Barbón durante su paso por Sudamérica. El presidente del Principado defendió el derecho al voto de los descendientes que obtuvieron la nacionalidad española y volvió a sostener su propuesta de crear una circunscripción específica para la emigración.
La discusión se abrió después de que el Tribunal Supremo español suspendiera cautelarmente los efectos electorales de determinadas altas en el Censo Electoral de Residentes Ausentes vinculadas a la denominada ley de nietos, mientras analiza los recursos presentados por Vox e Iustitia Europa. La medida rige hasta que el tribunal dicte sentencia sobre el fondo y exceptúa los casos en los que se acredite la descendencia de españoles exiliados en los supuestos establecidos por la normativa.
Argentina concentra la mayor comunidad asturiana fuera de España, con cerca de 38.000 personas, y posee catorce centros y casas regionales, la red más numerosa del exterior.
Una fiesta atravesada por cuatro generaciones
La discusión sobre la continuidad de la llamada Asturias exterior encontró en el aniversario de Lanús una expresión mucho menos abstracta. El Centro estaba colmado por hombres y mujeres ligados a Asturias de maneras muy diferentes: algunos habían nacido allí; otros heredaron esa identidad de sus padres, de sus abuelos o incluso de sus bisabuelos.
La tradicional fabada ocupó el centro de las mesas y estuvo acompañada por el escanciado de sidra, mientras la música y las danzas estuvieron a cargo del Conjunto Pelayo, del Centro Asturiano de Buenos Aires, y de Ayalga, perteneciente a la institución anfitriona. La celebración incluyó además una demostración de bolos asturianos y la presencia de gaiteros que acompañaron distintos momentos de la jornada.

Para el Centro Asturiano de Lanús, fundado en 1925, el aniversario llegó además después de un período de recuperación institucional. Este año obtuvo formalmente el Reconocimiento de Asturianía por parte del Gobierno del Principado y en marzo recibió la visita de la vicepresidenta asturiana Gimena Llamedo, quien anunció que la ciudad sería sede de una extensión de la Escuela de Asturianía.
Sin embargo, hubo dos historias que condensaron la relación entre Asturias y Lanús.
Josefa y una infancia atravesada por la guerra
Josefa tiene 97 años y tenía apenas siete cuando, en 1937, la caída de Asturias ante las tropas fascistas de Francisco Franco en la Guerra Civil Española la obligó a abandonar Asturias. Partió desde el puerto de El Musel, en Gijón, hacia la entonces Unión Soviética como una de aquellas criaturas que serían recordadas como los niños de la guerra.
Permaneció allí durante más de veinte años, creció lejos de su familia y de su tierra, estudió enfermería y terminó desarrollando esa profesión. Más tarde su vida volvió a cambiar de geografía hasta traerla a la Argentina, donde este domingo fue una de las protagonistas inesperadas de la celebración.

Su presencia emocionó y recibió una medalla asturiana. La historia de Josefa recordaba que detrás de la palabra emigración convivieron experiencias muy distintas: quienes partieron en busca de trabajo, quienes huyeron de la pobreza y quienes, como ella, debieron dejar su casa siendo apenas niños para escapar de una guerra.
En una institución que cumplía 101 años, sus 97 años trazaban casi otro recorrido paralelo por el siglo.
La Virgen de Covadonga volvió a su ermita
La celebración había tenido antes otra escena especialmente significativa para la colectividad. Desde la sede del Centro Asturiano salió una procesión acompañada por la banda de gaitas hasta la plazoleta ubicada en Sarmiento y Tucumán, junto a la entrada del paso bajo nivel de Lanús.
Allí se encuentra una pequeña ermita dedicada a la Virgen de Covadonga, la Santina, cuya imagen había sido robada junto con una bandera española y una representación de Santiago Apóstol.
Este domingo una nueva imagen fue llevada hasta el lugar y reentronizada durante una ceremonia de bendición encabezada por el padre Jorge Gonzalbes, de la parroquia San Jorge de Lanús Este.

Más allá de su dimensión religiosa, la pequeña ermita constituye una marca visible de la presencia asturiana en el paisaje de la ciudad. Su recuperación se integró así a una jornada en la que la memoria dejó de funcionar solamente como evocación del pasado para convertirse también en una discusión sobre continuidad.
El dato más significativo de los 101 años del Centro Asturiano de Lanús estuvo en un salón donde coincidieron cuatro generaciones vinculadas por una historia común, aunque cada una mantenga con Asturias una relación diferente.
Los primeros socios habían nacido allí y construyeron el Centro para encontrarse lejos de casa. Hoy, un siglo después, buena parte de quienes tienen la responsabilidad de mantenerlo vivo nacieron en Lanús.
La distancia con Asturias es la misma. Lo que cambió fue la manera de pertenecer.