El mensaje de Pascua del obispo Lugones atravesado por la pandemia

“Nos toca celebrar sin la compañía presencial de la comunidad y valorando en familia la constante convivencia amasada pacientemente en tiempos difíciles”, expresó.

Monseñor Jorge Lugones

En su mensaje de Pascua para toda la diócesis de Lomas de Zamora, el obispo Jorge Lugones aseguró que “vivir la Pascua en tiempo de pandemia es diferente”. “Si verdaderamente comprendemos lo que significa que la muerte haya perdido su poder, el anuncio pascual, al mismo tiempo que nos llena de alegría, nos debe ‘poner de pie’ nuevamente y animarnos una y otra vez, con confianza, a asumir una actitud positiva y corresponsable ante la vida”, recalcó.

Desde la capilla del colegio San José de Burzaco, donde presidió la misa de la vigilia de Pascua, monseñor Lugones señaló que “el primer mensaje de Jesús es de alegría, hoy nos toca celebrar la Pascua sin la compañía presencial de la comunidad y valorando en familia la constante convivencia amasada pacientemente en tiempos difíciles. Cuando cuidamos la vida, la vida con los otros, entonces la Pascua, el paso de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida, es posible”.

“Vivir la Pascua en tiempo de pandemia es diferente. Nos sentimos vulnerables, estamos más interesados unos por otros, deseamos ser más solidarios, valoramos el trabajo de los que hoy arriesgan su propia vida, queremos respetar la vida de los demás… Todas estas actitudes son signos de resurrección y de vida… La naturaleza también nos habla desde un cielo con menos contaminación y la Creación tiene otra imagen,  mostrando la belleza y la armonía que el creador le infundió”, agregó.

El mensaje completo del Obispo

Mensaje de Pascua a la diócesis de Lomas de Zamora

Querida comunidad diocesana:

Hemos andado el duro camino de cuaresma, hemos subido juntos al calvario, y ahora, juntos también, queremos celebrar la alegría de la Pascua.

En un mundo que parece rodearnos de tinieblas, como dice el poeta: “Cuando la muerte pisa tu huerto…’’, ante esta sombra de la muerte, el Señor de la vida nos llama a ser “celebrantes de la vida”.

Dios es el Dios de la Vida, no de la Muerte: Dios está en el centro y en lo profundo de la vida, y no en las perdidas orillas de la superficialidad pesimista.

Las mujeres del evangelio van temprano para hacerse cargo del muerto, deben cumplir con la piedad de ungir el cadáver. Como en nuestra sociedad actual, cuántas mujeres tienen que sobrellevar el peso de hacerse cargo, de cuidar la vida de los más vulnerables… y siguen subiendo la cuesta para acompañar, para contener, para ungir lo que quede… Las mujeres con el ungüento de la ternura velando y esperando ante el sepulcro. Se deslumbran ante el encuentro con el ser celestial que se les aparece, misterioso como la muerte, las llena de temor y ni siquiera pueden levantar la vista del suelo temblando de miedo.

Es que la falta de aprecio por la vida ha llegado también a paralizarnos a nosotros, cuántos seguimos mirando el suelo, cuántos son los que nivelan para abajo, aun justificados y atrincherados en un “consenso de conveniencias”, cuántos están en la tiniebla de lo inmediato, ausentes de fe, entonces, aparece la gran ausencia de la vida: de la vida con el Otro, el Resucitado.

El hecho de que el enviado del cielo corra la piedra y se siente encima nos está hablando también de que el prodigio de Dios nos puede sorprender en cualquier momento, aún en los momentos de más desolación. La visión del hombre, con vestiduras deslumbrantes, lejos está de brindar paz a las mujeres y despertar en ellas el recuerdo iluminador… ancladas en el olvido, María Magdalena y María la madre de Santiago, temblando, escuchan el mensaje: “Ustedes buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí ha resucitado, como lo había dicho. Vayan de prisa a anunciarlo a los discípulos”.

Este anuncio las lanza al camino de regreso, con el corazón en la boca, para anunciar a los once la buena noticia, pero en el camino el mismo Jesús les sale al encuentro y les dice: ¡Alégrense! No tengan miedo, vayan a anunciar a los hermanos…

El primer mensaje de Jesús es de alegría, hoy nos toca celebrar la Pascua sin la compañía presencial de la comunidad y valorando en familia la constante convivencia amasada pacientemente en tiempos difíciles. Cuando cuidamos la vida, la vida con los otros, entonces la Pascua, el paso de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida, es posible.

Por esto, vivir la Pascua en tiempo de pandemia es diferente. Nos sentimos vulnerables, estamos más interesados unos por otros, deseamos ser más solidarios, valoramos el trabajo de los que hoy arriesgan su propia vida, queremos respetar la vida de los demás… Todas estas actitudes son signos de resurrección y de vida… La naturaleza también nos habla desde un cielo con menos contaminación y la Creación tiene otra imagen, mostrando la belleza y la armonía que el creador le infundió.

La admiración, la contemplación, ahora que tenemos tiempo para todo, nos ayuda a hacer una alto en la vida, asombrarnos gratamente ante la Creación, ante los gestos fraternos, ante la prueba, ante la gracia inmerecida, ante el perdón de Dios. Siempre nos llevará a ese momento posterior de reflexión para que el camino de la fe se consolide.

Estamos frente a la realidad de un futuro incierto, la Palabra de Dios es buena compañera, ella nos propone una fe comprometida con el triunfo de la vida y la participación en la Resurrección, que es Vida en el Señor y con el prójimo.

La tarea de acompañar es costosa, pues requiere tiempo, respeto, cercanía, escucha constancia… y dentro de las diferentes formas de acompañamiento, nos interesa destacar: el cuidar y el cuidarnos, esta nueva forma de conciencia social, solidaria, fraterna y comunitaria.

Si verdaderamente comprendemos lo que significa que la muerte haya perdido su poder, el anuncio pascual, al mismo tiempo que nos llena de alegría, nos debe “poner de pie” nuevamente y animarnos una y otra vez, con confianza, a asumir una actitud positiva y corresponsable ante la vida.

Hoy todos los creyentes nos detenemos ante el misterio pascual de la muerte y Resurrección del Señor, para reflexionar en tiempo de prueba, de sufrimiento, de entrega confiada y llegar a la experiencia viva del Encuentro con El, para encargarnos de este gozo del anuncio, con constancia.

Pidamos al Señor de la Vida, que su Reino llegue a nosotros, y que nosotros lo podamos compartir como ahora por las redes, con los cercanos y los más alejados, desde esta alegría que nos trae Jesús Resucitado.

¡MUY FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN!