Franco Colapinto hizo delirar a más de 600 mil personas en la Ciudad de Buenos Aires durante un imponente Road Show, donde manejó dos joyas de la Fórmula 1: un Lotus E20 de 2012 y una réplica de la legendaria Flecha de Plata de Mercedes con la que Juan Manuel Fangio fue campeón en 1954 y 1955. El evento marcó el regreso simbólico de la máxima categoría al país y alimentó la expectativa de una futura carrera oficial.

La exhibición se desarrolló sobre un circuito callejero de tres kilómetros en Palermo, a lo largo de las avenidas Libertador y Sarmiento, con epicentro en el Monumento a los Españoles. Desde temprano, miles de fanáticos se acercaron con banderas, carteles y camisetas de Alpine, generando un clima que recordó a los grandes premios europeos. El rugido del motor V8 se escuchó a varios kilómetros, mientras Colapinto desplegaba trompos, aceleraciones y maniobras que dejaron marcas de caucho en el asfalto porteño.
El piloto argentino, actualmente vinculado a Alpine, protagonizó uno de los momentos más impactantes al conducir el Lotus E20, equipado con un motor Renault V8 de 2.4 litros, cuyo sonido ensordecedor contrastó con los actuales monoplazas híbridos. “Esto fue impresionante, lo disfruté muchísimo. Es un orgullo enorme estar acá y ojalá que pronto tengamos un Gran Premio en Argentina”, expresó Colapinto ante la multitud. Más tarde, volvió a pista con una réplica del Mercedes-Benz W196, emulando a Fangio con antiparras clásicas y la bandera argentina, en un homenaje que emocionó al público.
El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, celebró el evento y reforzó la intención de recuperar la Fórmula 1 para la Ciudad. “Fue una oportunidad para mostrarle al mundo nuestra pasión y capacidad organizativa. Queremos que el sueño de la F1 en el Autódromo se haga realidad”, afirmó. En esa línea, destacó las obras de modernización del circuito y la designación de Buenos Aires como Capital Mundial del Deporte 2027, factores clave en la carrera por volver a integrar el calendario internacional.
El impacto del evento trascendió lo deportivo. Familias enteras, jóvenes y turistas de países vecinos como Brasil, Uruguay, Paraguay y Chile colmaron la zona, mientras los balcones se transformaban en improvisadas tribunas, al estilo del Gran Premio de Mónaco. La presencia del productor musical Bizarrap, amigo del piloto, sumó un condimento cultural a una jornada que combinó velocidad, espectáculo y emoción.
La despedida de Colapinto fue a pura cercanía: recorrió el circuito subido a la caja de un camión saludando a los fanáticos, que respondieron con una ovación sostenida. “Le demostramos a la Fórmula 1 que Argentina merece una fecha”, cerró el piloto. La frase sintetizó el sentimiento de una multitud que volvió a ilusionarse con escuchar, otra vez, el rugido oficial de la máxima categoría en suelo argentino.